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Martes, 5 de julio de 2005 – 22:35 GMT

Escocia: de cumbres y sherpas

Juan Carlos Pérez Enviado especial de BBC Mundo a Edimburgo

Fotografías: Tatiana Roa Avendaño

Las calles de Edimburgo están relucientes. En Princess Street, la principal vía comercial de la ciudad escocesa, todo luce normal. El único indicio de que algo fuera de lo común puede estar sucediendo son algunas vallas metálicas que bloquean una de las vías laterales.

Los manifestantes y los policías se encontraron en el centro de Edimburgo. El lunes en la tarde fue un poco distinto. Ese día, el enorme e intrincado monumento dedicado al escritor Walter Scott y situado en Princess Street, fue testigo de algunas “escaramuzas” entre la policía británica y manifestantes anti globalización. De ello también fue testigo Andy, un hombre que se gana la vida tocando la gaita en las esquinas de Edimburgo. Hacia las dos de la tarde de ese día, Andy tuvo que cerrar el cajón donde recoge las monedas de los turistas y alejarse de la pensativa estatua de Scott porque, como el mismo lo describe, “hell broke loose”. Dependiendo de con quien se hable, el énfasis sobre lo ocurrido varía. Una activista dijo que simplemente se trataba de un grupo de jóvenes que estaban bailando samba y que fueron detenidos por la policía cuando se movían por la calle. Si se le hace caso a los periódicos tabloides escoceses, eran centenares de anarquistas violentos que buscaban crear el mayor caos posible. Por la radio, voceros de Greenpeace dijeron que las autoridades habían tenido la mano bastante “pesada”. Por su parte, la policía dijo que su respuesta solo había sido “robusta”.

En Princess Street ocurrieron las principales escaramuzas. Es martes y Andy esta de nuevo en su sitio habitual, haciendo maullar su gaita, mientras nada a su alrededor indica que en Gleneagles, a solo una hora de Edimburgo, ocho de los hombres más poderosos del mundo se reúnen desde este miércoles en la cumbre del G8.

La cumbre alterna Para encontrar otro signo de que algo fuera de lo normal ocurre hay que bajar por High Street, la calle que cruza el sector antiguo de Edimburgo, hasta llegar el edificio del nuevo parlamento escocés, un delirio modernista que contrasta muy bien con las casas de la ciudad vieja. La fachada frontal del parlamento es un panal de vallas protección con pequeños enjambres de policías de amarillo. Por lo demás, todo luce normal. El verdadero movimiento está en la parte trasera del congreso, donde, en otra edificación modernista en forma de domo, se realiza una discusión más de uno evento que vienen acompañado a las ultimas cumbres del G8 como una sombra: las cumbres alternas. Diversas organizaciones no gubernamentales (como Oxfam, Christian Aid, Amigos de la Tierra, etc.), así como organismos las Naciones Unidas como UNICEF, realizan reuniones paralelas, con las que buscan llamar la atención sobre los temas que, creen, deberían estar en la agenda de los mandatarios de los países industrializados durante sus cumbres.

Vallas protegiendo la zona del Parlamento. Tatiana Roa, colombiana y activista de Amigos de la Tierra, es una veterana de estas reuniones. Ella cree que con ellas se ha logrado, en casos como Cancún y Seattle, “quebrar” el monopolio de cumbres como las del G8. Pero lo que llama la atención de la reunión en Escocia es que, quizá por primera vez, la agenda del Grupo de los Ocho parece coincidir con la de un sector de las organizaciones sociales. Aunque en vez de agenda del G8 habría que hablar de la agenda de Gran Bretaña, que en su calidad de presidente rotatorio de la cumbre, decidió poner a la cabeza el tema de la pobreza en África. Para muchos analistas, todo esto tiene nombre propio: el primer ministro Tony Blair, que desea ganar algo de la confianza perdida con el publico británico por temas como el de la invasión a Irak. Por ello, el gobierno británico ha dado su apoyo entusiasta a los conciertos de Live 8, organizados por Bob Geldof, así como algunas de las marchas de protestas.

“Ellos son políticos. No hay que verlos como profetas. Se mueven porque hay intereses”

Tatiana Roa, activista de Amigos de la Tierra De hecho, en la multitudinaria marcha “Make poverty history” (Que la pobreza sea historia) del sábado pasado por las calles de Edimburgo, participó el ministro británico para Desarrollo Internacional, Hilary Benn. Ese mismo día, también en Edimburgo, el poderoso ministro de Economía británico, Gordon Brown (quien también se la ha jugado de lleno por el tema de pobreza y África) hablo sobre el tema en una reunión de la ONG Christian Aid. Alianzas incómodas Tatiana Roa ve con desconfianza esta alianza. “Ellos son políticos. No hay que verlos como profetas. Se mueven porque hay intereses”, indica. Stuart Coupe, británico del Grupo para el Desarrollo de Tecnologías Intermedias, no ve con tanto recelo el proceso de acercamiento. Dice que se viene realizando desde la cumbre mundial del 2002, que ha sido “muy lento y graduado”, y que puede ser un dialogo fructífero. “Los mejores informes sobre el cambio climático se han producido por grupos de la sociedad civil”, asegura. Otros tienen motivos diferentes para desconfiar. Algunos han advertido que se están elevando demasiado las expectativas sobre lo que puede ocurrir en solo dos días reales de reunión. “Los mejores informes sobre el cambio climático se han producido por grupos de la sociedad civil” Stuart Coupe, miembro del Grupo para el Desarrollo de Tecnologías Intermedias “Odio decirlo” escribió el periodista John Simpson, editor de asuntos mundiales de la BBC, “pero toda la evidencia del pasado en cumbres como esta -y las he estado cubriendo desde los años setenta- es que los resultados nunca están a la altura de las expectativas”.

Los sherpas

En Gleaneagles, lo que en ingles se conoce como los “sherpas” -funcionarios de los distintos gobiernos, que tras bambalinas, tratan de lograr acuerdos sobre los puntos fundamentales- siguen trabajando a marchas forzadas para entregar algo sustancioso en las declaraciones que se firmaran al final de la cumbre. Sin embargo, los grandes escollos no parecen estar tanto en el tema de África como en el del cambio climático, donde Estados Unidos sigue terco en su negativa a firmar, o siquiera reconocer, el tratado de Kyoto, que busca regular las emisiones de C02, a las que se culpa del llamado efecto invernadero. Mientras los serpas preparan las declaraciones finales, en Edimburgo y Stirling -una pequeña población escocesa donde acampan muchos de los activistas que han llegado de todas partes del mundo para participar en la cumbres alternativas o protestar- hay otra clase de preparativos.

Todo está listo para la cumbre en Gleaneagles. Decenas y decenas de personas se preparan para viajar este miércoles hasta Gleneagles por tren y bus para intentar manifestarse lo más cerca posible del lugar donde están reunidos los mandatarios de Gran Bretaña, Estados Unidos, Canadá, Japón, Italia, Alemania, Francia y Rusia. Allí les espera una de los mayores operativos de seguridad jamás vistos en el Reino Unido, con una cerca de seguridad de mas de siete kilómetros de diámetro, centenares de guardias y policías dentro del recinto, así como unos dos mil infantes de marina estadounidense trasladados especialmente a un lugar cercano para garantizar la seguridad de George W. Bush. Andy, por su parte, se sentirá bastante feliz de estar lejos de esa zona, haciendo rechinar su gaita al resguardo del monumento de Walter Scott, en las relucientes calles de Edimburgo.

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