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“Extremas. Nuevas fronteras del extractivismo energético en Latinoamérica” reúne artículos publicados entre setiembre y diciembre de 2016 en la web de Oilwatch Latinoamérica. Con esta revista digital intentamos poner en diálogo diferentes abordajes sobre la energía extrema, aportar elementos para la crítica a la civilización fósil y reafirmar la convicción en la imperiosa necesidad de construir alternativas.

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2017-boletin-Extrema

 

 

 

 

 

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Ilustración: Angie Vanessita

Por  Tatiana Roa Avendaño (Censat Agua Viva – Amigos de la Tierra Colombia) y Hernán Scandizzo (OPSur)

 

Aún están frescas las imágenes del incendio de la plataforma Deepwater Horizon, cuando perforaba el pozo Macondo en el Golfo de México, en abril de 2010. La explosión e incendio dejó once trabajadores muertos y, después de más de tres meses de intensas labores, la petrolera BP logró controlar la situación. Para entonces habían sido vertidos al mar Caribe más de 700 millones de litros de crudo y otros varios millones más de litros de agua de formación. La magnitud del desastre expresa los riesgos que conllevará la ampliación de la frontera extractiva y tecnológica, y es lo que algunos autores han denominado energía extrema.

Este concepto de energía extrema se refiere no sólo a las características de los hidrocarburos, sino también a un contexto en el que la explotación de gas, crudo y carbón entraña cada vez mayores riesgos geológicos, ambientales, laborales y sociales; además de una alta accidentalidad comparada con las explotaciones tradicionales. La era de los hidrocarburos fáciles de extraer está llegando a su fin, si no lo ha hecho ya. Los objetivos de empresas y gobiernos para sostener la matriz fósil son las formaciones sedimentarias compactas, los crudos pesados y extra-pesados, las arenas bituminosas e incluso desarrollos biotecnológicos para aplicar en procesos de recuperación mejorada de hidrocarburos en pozos agotados.

En el mismo combo aparecen los yacimientos en el mar, cada vez más alejados de la costa, en aguas más y más profundas, que son extraídos, en algunos casos, luego de atravesar gruesas capas de sal. También estos yacimientos están conociendo las delicias de la fracturación hidráulica, para revertir la caída de la producción. Y el carbón alojado en las profundidades de la tierra, inaccesible para la minería convencional, despierta el interés de gobiernos y empresas, del mismo modo que el gas allí contenido. Miles y miles de toneladas de carbono que serían lanzadas a la atmósfera si esos hidrocarburos son extraídos e inyectados al mercado energético y la industria petroquímica para extender la decadencia de la civilización fósil.

Otra característica de este modelo de extracción extrema es que en muchos casos se trata de gas, crudo y carbón a los que se accede ampliando la frontera extractiva sobre tierras campesinas y de pequeños productores, aguas de pescadores artesanales y territorios indígenas y afrodescendientes. Una expansión acompañada de conculcación de derechos, que da lugar a desplazamientos de población, desaparición de saberes y culturas, así como también la muerte de economías locales y regionales. Es decir, constituye una amenaza contra la soberanía alimentaria y territorial de los pueblos. Una violencia simbólica y material que es intrínseca a la energía extrema, y que significa además una profundización de la violencia sobre los cuerpos y la Naturaleza no humana. No sólo por la irrupción en ecosistemas frágiles y por profundizar la degradación de los ya impactados, sino también por el empecinamiento de seguir apostando a la matriz energética responsable de la crisis climática y el calentamiento global.

Esta ampliación de frontera hacia escenarios extremos implica además condiciones laborales de mayor riesgo. Quienes trabajan en esos proyectos no sólo están expuestos a condiciones meteorológicas rigurosas -como sucede en las operaciones en el Ártico o en alta mar- sino también a la toxicidad de los insumos químicos utilizados, por ejemplo, durante fracturación hidráulica, o a los desarrollos biotecnológicos diseñados para incrementar los niveles de extracción y los procesos de transformación de hidrocarburos pero también a riesgos más altos de accidentes laborales por ejemplo por explosiones.

Por otra parte, el gas y el crudo alojados en yacimientos profundos y/o compactos, o ubicados en lugares remotos, demandan más infraestructura y despliegue logístico, tanto para llevarlos hasta la boca del pozo como para inyectarlos al mercado. Esto se traduce en la perforación de cientos y miles de pozos, el tendido de ductos, la instalación de compresores, tanques, etc.; en síntesis, una mayor ocupación territorial e industrialización de áreas rurales y del paisaje en general, y la expulsión de las poblaciones que no son funcionales al nuevo uso del espacio.

A ello se suma que cada barril obtenido de estas explotaciones requirió un mayor consumo de energía, es decir, su rendimiento es menor. Además, demandó mayores recursos financieros que las explotaciones convencionales, que en muchos llegan a la compañía en forma de subsidios estatales, ventajas impositivas y precios sostén, que son transferidos desde los bolsillos de la población.

Baja del precio del crudo y continuidad de los proyectos extremos

La caída sostenida del precio de crudo muy por debajo de los 100 dólares no se ha traducido en un automático golpe de timón de los gobiernos de la región en sus políticas petroleras, ni ha significado la inmediata inviabilidad de los proyectos de energía extrema en América Latina. Sin duda hay una desaceleración, pero en la medida en que no exista la decisión política y el nivel de movilización para avanzar en la desfosilización de la matriz energética y del modelo productivo (los hidrocarburos como insumo no energético), estos proyectos representan la nueva frontera ante el agotamiento global de los grandes yacimientos convencionales.

Para seguir en carrera las empresas apuestan a reducir la cadena de costos, es decir, despedir o promover el retiro voluntario personal, bajar salarios, eliminar conquistas laborales -beneficios no financieros: descansos, calidad de la alimentación, etc.), eliminar intermediarios, desarrollar y aplicar innovaciones tecnológicas, entre otras variables. También desde el sector corporativo presionan para que los favorezcan con ‘políticas de incentivo’ como subsidios, ventajas impositivas, y precios internos superiores a la cotización internacional. De esta manera se transfieren los costos financieros -además de los sociales y ambientales- a los usuarios, que pagan la energía y combustible más caros, como ocurre en Argentina. Por otra parte hay que tomar en cuenta que países como Ecuador y Venezuela han tomado préstamos de China respaldados con su crudo, lo que también define la marcha sostenida tanto sobre la Amazonía como sobre la Faja del Orinoco. En el caso de la República Bolivariana de Venezuela, son más de U$D 46.000 millones en créditos.

Las fronteras extremas de América Latina

Si bien desde principios de la década y hasta entrado 2014 la mayoría de los países de la región, con más o menos intensidad y convicción, tenían a los hidrocarburos de lutitas y al fracking en sus agendas, esto no se ha plasmado en grandes avances en territorio. A nivel regional el fenómeno del shale sólo ha tenido impacto masivo, o relativamente masivo, en Argentina con Vaca Muerta, mientras que en México, el otro país estrella, ha sido menor, y en Colombia hay un firme interés de las autoridades en avanzar en esa dirección. Sin embargo, tampoco significa que haya desaparecido el interés por las formaciones compactas, el desarrollo de campos de tight sands ha cobrado impulso tanto en Argentina, como en México y el extremo sur de Chile. Los costos de producción en arenas compactas son considerablemente menores que los del shale, lo que las vuelve particularmente atractivas para las empresas.

Por otra parte, una frontera que no cesa de ampliarse en la región es la off shore. Brasil desde el descubrimiento del presal, hace una década, apuesta fuertemente a su explotación, incluso las autoridades no le han dado mayor importancia a los bloques con potencial en crudo y gas de lutitas. Éstos tampoco despertaron el interés de las empresas en las últimas rondas de concesiones petroleras. La impetuosa convicción de avanzar hacia el mar emerge también en el conflicto que se suscitó en 2015, cuando el gobierno federal intentó flexibilizar los sistemas de licenciamiento ambiental para las explotaciones costa afuera, una reforma que fue resistida por los trabajadores de las agencias de control ambiental. Hay que tener en cuenta que en el caso del presal los hidrocarburos se alojan a una profundidad cercana a los 7.000 metros; allí se concentraría el 90 % de las reservas petrolíferas probadas y el 77 % de las gasíferas.

Por otra parte la francesa Total comenzó este año la perforación un pozo en la plataforma marítima uruguaya, a 200 kilómetros de la costa. Atravesará 3.400 metros de “columna de agua” y otros 3.000 bajo el lecho oceánico en busca de hidrocarburos. Un proyecto extremo que marca un hito en la región, en un país que carece de antecedentes de explotación de hidrocarburos. También Colombia avanza sobre yacimientos en aguas profundas del Mar Caribe, al igual que Nicaragua y Honduras. Chile, por su parte, a raíz de perforaciones exitosas realizadas por la estatal ENAP, apunta a consolidar sus desarrollos offshore en el Estrecho de Magallanes, al igual que ampliar las explotaciones de bloques de tight gas en la isla de Tierra del Fuego.

En tanto los crudos pesados y extra pesados son centrales en países de la región como Venezuela, con la Faja del Orinoco, y Colombia, en la región de los llanos. Por otra parte, más allá de las características de los hidrocarburos y de las formaciones que los contienen, tanto la Amazonía como el Chaco Sudamericano constituyen la nueva frontera por excelencia para Bolivia, Colombia, Ecuador, Paraguay y Perú, avances que se concretan, en muchos casos, sobre territorios de pueblos indígenas, comunidades campesinas y áreas naturales protegidas.

Detrás de los discursos de salvación o abundancia con que son promocionados los diferentes proyectos de energía extrema en nuestros países, están las otras realidades arriba mencionadas. Con estas líneas damos apertura a una serie de artículos sobre el carácter extremo no sólo de los proyectos energéticos sino también de las infraestructuras y finanzas que demanda la reproducción del capitalismo globalizado.

Este artículo es parte del proyecto Aportes para la crítica y acción contra las energías extremas en América Latina, de OPSur-Oilwatch Latinoamérica, y cuenta con el apoyo de Global Greengrants Fund.

IMG_6410.JPGPor: Tatiana Roa Avendaño – Coordinadora general de Censat Agua Viva

Don Reynaldo es un agricultor y ganadero que llegó a mediados de los ochenta al Bajo Simacota, un municipio de Santander, buscando dónde trabajar. En la tierra que se asentó, hay vestigios de un antiguo pozo petrolero, abandonado cuando la broca, quedó atrapada en el fondo del pozo. Según dicen, lo perforaron en la pasada década del cincuenta, nunca fue puesto en producción. Allí quedó una profunda fosa de casi dos metros, que se hizo para instalar el taladro y otras facilidades del pozo, que don Reynaldo y su familia han tratado de tapar con madera, pues ahí han caído animales y han muerto.

En lo que fue la antigua plataforma petrolera, don Reynaldo ha sembrado cientos de árboles. Además, su finca es rica en frutales, cultivos y ganado, de manera que quien desconozca la historia no puede ni imaginar que por allí estuvo buscando petróleo la empresa estadounidense Tropical Oil Company, más conocida como la Troco.

Allí vive junto a su familia y luego de muchas violencias por fin comenzó con sus seres queridos y sus vecinos a vivir en paz. Cuentan que por allí, a finales del siglo pasado e iniciando este, vivieron tiempos de zozobra cuando los diversos actores armados del conflicto colombiano se disputaron el territorio. La tranquilidad de la zona fue la conquista de los campesinos de esta región que se propusieron vivir tranquilos en su paraíso.

Sin embargo, en 2011, nuevamente llegó la perturbación al instalarse una empresa de sísmica contratada por la Empresa Colombiana de Petróleos, Ecopetrol, aunque sus representantes dijeron a algunas personas del lugar que “iban a hacer unos estudios y que eso no era perjudicial para nadie”. Lo curioso fue además que a otras les dijeron que estaban haciendo unas “caminatas ecológicas”, mientras que en realidad venían en búsqueda de nuevas reservas petroleras.

IMG_6403Don Reynaldo cuenta que a su finca, que tiene “180 hectáreas, le metieron 96 bombas, es decir, una bomba por cada dos hectáreas”. Y continúa: “un bombardeo como ese nos destruyó nuestras aguas. Las hemos perdido en el 50% y nuestra quebrada ahora se seca en verano”.

Don Reynaldo está claro en no permitir que las petroleras continúen avanzando, porque para él, la sísmica es “un terrorismo a la tierra y el agua”, que les ha destruido esas que son sus más grandes riquezas.

Por eso ahora, él y otras personas de la región temen que Parex, una empresa canadiense que llegó a la zona en los últimos meses, esté queriendo hacer fracking en su territorio. Y ellos no están dispuestos a sufrir de un nuevo terrorismo, solo quieren vivir en paz.

Es conveniente la explotación de petróleo, mediante el fracturamiento hidráulico en Colombia? A la pregunta responde Tatiana Roa Avendaño, Ambientalista, Ingeniera de Petróleos y Coordinadora General Censat Agua Viva y Amigos de la Tierra Colombia.

Declaración OILWATCH. El futuro de América Latina no es el fracking. El fracking es una agresiva técnica para extraer petróleo y gas de formaciones compactas, como la roca madre, fracturándolas con la inyección de un coctel de cientos de químicos y millones de litros de agua. En el día internacional en Contra del Fracking, CENSAT Agua Viva, ratifica la declaración de Oilwatch, del que hace parte, celebrando la lucha de los movimientos anti-fracking alrededor del mundo, proponiendo abrir un debate serio y franco sobre los patrones energéticos, el modelo hegemónico de sociedad, nuestra relación con la Naturaleza y la necesidad de dejar los hidrocarburos en el subsuelo. Hoy Oilwatch Latinoamérica se une a las distintas movilizaciones y pronunciamientos en el Día Internacional contra el Fracking / Global Frackdown. El fracking es una agresiva técnica para extraer petróleo y gas de formaciones compactas, como la roca madre, fracturándolas con la inyección de un coctel de cientos de químicos y millones de litros de agua. Es la expresión de un patrón energético capitalista que, ante el agotamiento de las fuentes de hidrocarburos convencionales, amplía las fronteras geográfica y tecnológica. Su aplicación provoca iguales -y aún peores- impactos en la salud y el ambiente que las tradicionales operaciones petroleras, e incrementa el despojo y el empobrecimiento de nuestros pueblos. Investigaciones como las realizadas por científicos de las universidades de Duke y Politécnica de Pomona (California, EE.UU.) o el Tyndall Centre for Climate Research de la Universidad de Manchester (UK), por citar algunas, han demostrado la multiplicidad de impactos del fracking sobre las aguas, el aire y los territorios. Es decir, sobre todas las formas de vida. Pueblos indígenas y comunidades campesinas hoy ven amenazada la permanencia en sus territorios por proyectos de explotación de yacimientos no convencionales. El Pueblo Mapuche, en la Patagonia argentina, y las comunidades campesinas del departamento Boyacá, en Colombia, son testimonios de la resistencia continental a la ampliación de la frontera extractiva. El fracking ha sido presentado por gobiernos y empresas como una tecnología limpia, un aliado en la lucha contra el cambio climático, que permitirá la gasificación de la matriz energética, reduciendo el consumo de otros combustibles fósiles -sucios – como el carbón y el crudo. Sin embargo, se ha verificado que la aplicación de esta técnica produce mayores emisiones de metano que los yacimientos de gas convencionales. Además la hidrofractura también es utilizada para la extracción de crudo, por lo que en lugar de servir como puente hacia la Soberanía Energética, con energías limpias y renovables, constituye una herramienta para extender el consumo de fósiles. El incremento de las reservas de gas y crudo de América Latina, para ser explotadas con aplicación del fracking, no estarán destinadas a satisfacer las necesidades de los pueblos, por el contrario, continuarán dirigiéndose a los grandes consumidores mundiales. Alejarán aún más a los países del Sur de la anhelada y urgente transición. La promoción de esta técnica, por parte de los gobiernos de nuestros países, nos ata a la condición de exportadores de commodities, agudizando la dependencia económica, geopolítica y tecnológica en el sistema mundial. En este tipo de explotaciones el sector más beneficiado es el de las empresas de servicios como las estadounidenses Baker Hughes, Halliburton, Weatherford, Schlumberger, que desarrollaron esta tecnología. Estas compañías permanentemente organizan o auspician foros internacionales para promover el desarrollo de no convencionales. Su poder de lobby le ha permitido a este sector, por ejemplo, que en 2005 el Congreso de EE.UU. apruebe la reforma de la Ley de Aguas, conocida como Enmienda Halliburton, que reduce la capacidad de regulación sobre los fluidos empleados en la fractura hidráulica. Esa capacidad de lobby está activa en cada uno de nuestros países, donde presionan, seducen y logran, en muchos casos, allanar el camino al fracking. En este Día Internacional contra el Fracking / Global Frackdown, Oilwatch Latinoamérica celebra la lucha de los movimientos anti-fracking alrededor del mundo, que han generado una alta sensibilización de la ciudadanía acerca de los daños socioambientales que esta técnica provoca. Esto se ha traducido en triunfos como la prohibición en Francia o los límites puestos a este tipo de proyectos en más de 400 pueblos y ciudades de EE.UU. También en Argentina más de 40 municipios sancionaron ordenanzas prohibiendo la técnica y normas similares fueron aprobadas en Uruguay y Brasil. El rechazo global al fracking se manifestó de manera contundente en septiembre último, en la Marcha Climática de los Pueblos, donde más de 300 mil personas se movilizaron por las calles de Nueva York. Oilwatch Latinoamérica propone abrir un debate serio y franco sobre los patrones energéticos, el modelo hegemónico de sociedad, nuestra relación con la Naturaleza y la necesidad de dejar los hidrocarburos en el subsuelo. Nos comprometemos a continuar acompañando las luchas en defensa de nuestros territorios e invitamos a seguir promoviendo formas de producción y consumo locales, autónomas, descentralizadas y armónicas con la Naturaleza, en pro de trascender esta civilización petrolera.

Autores: OPSUR, CEDIB Y CENSAT AGUA VIVA – Amigos de la Tierra Colombia

Gráfica alusiva a Ultima Gota - Fracking en LatinoAmérica Soberanias Tuteladas, Nuevas Fronteras, Principio Precautorio, Resistencias. FRACTURA EXPUESTA n3

Empresas y gobiernos clavaron sus ojos sobre yacimientos de frontera: no convencionales y offshore. El estancamiento de los niveles globales de extracción tradicional de petróleo y el improbable descubrimiento de mega yacimientos, son parte del problema que se agudiza con el incremento exponencial del consumo de energía –no sólo por los países del Norte global sino, también, por las economías emergentes, como China e India.

Para ver el documento completo en PDF Ultima Gota – Fracking en LatinoAmérica Soberanias Tuteladas, Nuevas Fronteras, Principio Precautorio, Resistencias.

Abrigando futuros

26 octubre 2013

Moratoria petrolera: el carácter estratégico de la propuesta. 

Ilustración Angie Vanessita Cárdenas Roa

Ilustración Angie Vanessita Cárdenas Roa

 

 

 

La propuesta de moratoria petrolera, vigente desde los orígenes de la Red Oilwatch, fue presentada en 1996, cuando saltaba a la escena internacional la obligación de tomar medidas para enfrentar el cambio climático. Desde ese año, la propuesta de la moratoria petrolera se recoge en todas las declaraciones internacionales de Oilwatch y en 1997 el tema de discusión fue colocado en el marco del protocolo de Kioto, instrumento internacional con el que los países terminaron construyendo evasivas para frenar la extracción y consumo de hidrocarburos fósiles. La pregunta obvia era, ¿por qué sacrificar nuevas áreas por un combustible que ya no debería extraerse?

 

La moratoria a la exploración petrolera fue planteada como un reclamo y como el ejercicio de derechos, además del llamado a considerar los impactos locales, nacionales y globales: la deforestación y destrucción de las bases de sustento de la gente, la dependencia económica de los países con relación a la extracción de sus reservas y la crisis climática.

 

De la moratoria se avanzó a plantear diferentes estrategias de protección de territorios dejando el crudo en tierra. La propuesta, tal y como fue presentada para el Yasuní, partió de la modalidad de “responsabilidades comunes pero diferenciadas” y nació como una crítica al capitalismo petrolero. Esta Iniciativa recogió en sus orígenes los argumentos y las luchas de las comunidades frente a las políticas y proyectos petroleros de diferentes regiones del mundo.

 

La propuesta lograría, a nivel local, un reconocimiento hacia los pueblos que, con su resistencia, protegen no sólo sus territorios, sino el conjunto del planeta. Además, la necesidad de amparar la resistencia resultaba prioritaria por la creciente corriente nacional e internacional de criminalización a los defensores de la naturaleza.

 

A nivel nacional, la Iniciativa proponía un profundo cuestionamiento al extractivismo. En una coyuntura de apertura a la minería a gran escala, permitía plantear los temas desde la experiencia vivida por el país en materia petrolera. Adicionalmente, buscaba evitar la apertura de la frontera petrolera hacia otros territorios indígenas y áreas protegidas.

 

A nivel internacional, cuestionaba las evasivas y la injusticia ambiental construidas alrededor del surgimiento de los mercados de carbono y en general las políticas neoliberales con relación al clima, cuyas maniobras pretenden bloquear las salidas propias de un capitalismo devastador, aunque ahora enverdecido.

 

En este contexto, la propuesta Yasuní de dejar el crudo en el subsuelo nació con un carácter estratégico crucial: enfrentar el modelo petrolero desmontando su capacidad de imponerse en lo local, expandirse en lo nacional y acomodarse en lo internacional, ocultándose frente las crisis del momento.

 

Las propuestas que se presentan en esta publicación amplían esa misma línea crítica al capitalismo petrolero.

Lea el texto completo Abrigando futuros. La propuesta de la moratoria petrolera

 

Jornadas Antifracking en Colombia

Jornadas Antifracking en Colombia

Las recientes protestas de campesinos y campesinas paramunos contra la exploración y explotación petrolera en Boyacá (Región del Sugamuxi) y el Huila (páramos de Miraflores) han puesto en evidencia cómo la frontera petrolera avanza vertiginosamente sobre el territorio nacional. El avance petrolero no se da sólo geográficamente, sino también se consolida hacia otras fronteras tecnológicas, con el auge de los hidrocarburos no convencionales1.

En este contexto, el desarrollo petrolero avanza actualmente hacia zonas sin ninguna tradición petrolera, reconfigurando territorios campesinos e indígenas que nunca creyeron tener en sus entrañas el crudo, el combustible de esta civilización.

En palabras de Michael Klare2, transitamos de una era de combustibles baratos y fáciles hacia una era de energía extrema (cara y contaminante). Estamos a las puertas de una “revolución energética”, que podría transformar radicalmente el panorama energético mundial, con unas graves y profundas implicaciones sociales y ambientales, y con el riesgo de incrementar el conflicto en la disputa por el acceso a estas fuentes energéticas dentro del avance de una nueva frontera .

¿Cómo se manifiesta este fenómeno en Colombia? ¿Cómo avanza en el país la frontera petrolera? ¿Cuáles podrían ser las repercusiones ambientales y sociales? ¿Qué respuestas está provocando entre la sociedad colombiana?

Lea el texto completo. Los hidrocarburos no convencionales

1La referencia a “crudos no convencionales” tiene que ver con las reservas de hidrocarburos atrapados en estructuras geológicas especiales de baja permeabilidad y presiones anormales, los crudos suelen ser más pesados, sulfurados y/o difíciles de extraer con las técnicas convencionales. Algunos de los hidrocarburos no convencionales son: Metano en vetas o capas de carbón (CBM, según la sigla de su nombre en inglés), arenas asfálticas, esquisto bituminoso, lutitas gasíferas, gas compacto, e hidratos de gas.

2Michael Klare es un reconocido analista de temas energéticos, autor de: Rising Powers, Shrinking Planet, Resource Wars, Blood and Oil