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Por Tatiana Roa Avendaño

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Resumen
En las últimas décadas, de Norte a Sur de Latinoamérica, comunidades locales convocaron y adelantaron referendos, consultas populares, consultas autónomas e iniciativas populares para participar en decisiones relacionadas con proyectos extractivos. Esto ocurrió en Sicapaca, Huehuetenango e Ixtahuacan (Guatemala); en Cerrito, Piedras y Tauramena (Colombia); en Cotacachi (Ecuador), en Tambogrande y Cajamarca (Perú) y en Esquel (Argentina). El curso de estas acciones sugiere varias ideas: i) La utilización de esos mecanismos de participación democrática, reconocidos o no por los Estados, nutre la defensa territorial ya iniciada por muchas de estas comunidades desde hace varias décadas. No son procesos aislados sino integrales de las luchas de resistencia que impulsan las comunidades en diversas parte del continente frente al modelo extractivista impuesto; ii) en cada una, se reflejan percepciones diferenciadas sobre el desarrollo, la gestión de los bienes comunes y la participación democrática; y iii) se reclama por el derecho a decidir sobre su futuro y el de su territorio.

Texto publicado en: Consulta Previa y Modelos de Desarrollo. Aura María Puyana (compiladora), Red Observa

Ver libro completo: http://www.infoindigena.org/attachments/article/580/2016-Consulta-previa-modelos-desarrollo-Colombia.pdf

Ver texto completo del artículo en archivo anexo

2016-Consulta-previa-modelos-desarrollo-Colombia

 

 

 

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Por Tatiana Roa Avendaño – Censa Agua Viva – Amigos de la Tierra Colombia

Viajé a Haití entre el 5 y el 11 de mayo de 2016 invitada por Broederlijk Delen, BD, organización de cooperación y solidaridad de Bélgica. La emoción era grande. Estaría en el país que inició la ruta de la independencia latinoamericana en épocas de la colonización europea sobre nuestros territorios y en el primero del mundo donde se abolió la esclavitud.

Mi arribo estuvo convulsionado. En Puerto Príncipe, su capital, había múltiples protestas dado que el gobierno aplazó varias veces las elecciones para elegir al nuevo presidente. Así, el vehículo que me llevaba a casa de mis anfitriones tuvo que dar muchas vueltas buscando sortear las manifestaciones. Mientras llegaba, desde lo alto de la ciudad podía ver las secuelas del terremoto de 2010 y pensaba que al otro día madrugaríamos para viajar a Cabo Haitiano.

Llegué al país caribeño para participar en una gira por algunos lugares, organizada por el Colectivo Justicia Minera (Kolektif Jistis Min – KJM) y otras organizaciones haitianas, latinoamericanas, africanas y estadounidenses. Estas contaban con el apoyo de organizaciones de cooperación que trabajan en solidaridad con Haití, entre ellas, BD.

El KJM está constituido por diversas organizaciones y redes haitianas, entre ellas Tèt Kole Ti Peyizan Ayisyen (TK), compuesta por pequeños campesinos; la Plataforma de las organizaciones haitianas de derechos humanas (POHDH), el Movimiento Democrático Popular (MODEP), Justicia y Paz (JILAP), la Oficina de defensores de los oprimidos (DOP) y la Plataforma de Acción para un Desarrollo Alternativo (PAPDA).

El propósito de la gira era compartir nuestras experiencias sobre el avance de la minería y de las luchas que resisten ante sus proyectos en América y África e informar a las comunidades, organizaciones sociales y público en general las consecuencias que podrían tener los proyectos mineros que se vienen planeando para el país caribeño. Fuimos invitadas personas activistas de Ecuador, Perú, México, El Salvador, Congo, Sudáfrica, República Dominicana y Colombia y a nosotras se sumaron el Mining Watch, la Clínica de Justicia Global de la Facultad de Derecho de Nueva York, el Centro para los Derechos Humanos y la Justicia Global (Center for Human Rights and Global Justice), agrupación de estudiantes y profesores de diversos países que apoyan luchas, como su nombre lo dice, por la justicia global. Juntos recorrimos comunidades y visitamos ciudades importantes del país: Puerto Príncipe, Limonade y Cabo Haitiano.

En la tierra de Dessalines, Pétion, Christophe, muchos hombres y mujeres valientes como ellas han tenido que enfrentar la adversidad histórica de una injusta condena por haber desafiado al poder colonial para alcanzar su liberación: Francia impuso una indemnización de 150 millones de francos oro al pueblo haitiano para reconocer su independencia, valor equivalente, a precios de hoy, a 21 mil millones de dólares, que les ha llevado al empobrecimiento económico de su población.

Lastimosamente para mí, sólo pude llegar cuatro días después de haber iniciado la gira. Me integré al grupo en la ciudad de Limonade, nombre que los españoles dieron a este lugar (en su idioma, Pueblo del Limón debido a la presencia de muchos árboles de esta fruta). Pero pude entonces asistir a un multitudinario foro y a un acto cultural en la Universidad del Estado de Haití, Campus Roi Henri Christophe, que tiene una infraestructura moderna sorprendente. Luego me enteré de que este campus abrió recientemente sus puertas para su funcionamiento y fue donado por el gobierno de República Dominicana al pueblo haitiano.

Limonade se encuentra a menos de una hora de Cabo Haitiano, en el noroeste de la isla y estando allí pude conversar por primera vez con las delegaciones internacional y haitiana que venía de recorrer las comunidades que estarían afectadas por los bloques mineros que pretende explotar el gobierno haitiano con empresas transnacionales. Llegaron entusiasmadas de sus visitas a las comunidades campesinas del departamento del Norte.

La minería en Haití

Como en el resto del continente, la “fiebre” de la minería ha contagiado a Haití. El gobierno de este país tiene planes de abrirse a la inversión extranjera en estas materias y, para hacerlo, pretende cambiar la legislación minera. Al respecto, los activistas haitianos informaron durante el recorrido que existe un proyecto de ley disponible desde agosto de 2014, promovido por la Cámara de Comercio Haitiano-Canadiense (CCHC) y formulado por asesores del Banco Mundial.

Los propósitos gubernamentales van andando no obstante las condiciones de alta vulnerabilidad ambiental de la isla por la aguda deforestación (se estima que la cobertura forestal del país es menor del 2%), las intensas sequías, la escasez de agua, la alta frecuencia de fenómenos naturales, así como la debilidad institucional, la corrupción y la inestabilidad política. Además, los proyectos mineros se lanzan en territorios todavía protegidos: los bloques se construirían en una región campesina y con mucho verde, el Macizo du Nord, en el departamento del Noroeste,  que contrasta con el escenario de deforestación y aridez mencionado.

La ley echaría por la borda aquella vigente desde 1976, con la consecuencia de alentar notorios retrocesos en términos económicos y de soberanía frente a la riqueza minera. El colectivo KJM y Camille Chalmer, reconocido economista y activista haitiano que hace parte de la Plataforma Haitiana de Incidencia para el Desarrollo Alternativo, PAPDA, alertan con respecto a que el proyecto de ley, siguiendo la tendencia de las últimas reformas mineras en Latinoamérica, no establece un régimen de regalías que garantice beneficios para Haití.

En 2012, el gobierno ya había entregado algunas concesiones para exploración minera. Estas se encontraban en Morne Bossa, muy cerca de Limonade y se otorgaron a empresas como VCS Mining Inc., Majescor Resources Inc., Newmont Mining Corp. y Eurasian Minerals Inc. Sin embargo, meses después se suspendieron cuando el Congreso haitiano declaró una moratoria minera “tras decretar que los permisos expedidos ya no eran legales” (Ver: http://www.diariolibre.com/economia/economia-personal/minera-en-hait-en-espera-entre-incertidumbre-y-oposicin-KQDL1098121), mientras aclaraba si “el país tiene la capacidad para regular adecuadamente una industria tan compleja” (Ibidem).

Ahora, los grupos organizados de la sociedad haitiana cuestionan el camino propuesto por el gobierno de su país. Consideran que pone los intereses de las transnacionales por encima de los del Estado y la población, dado que podría provocar graves conflictos ambientales, en la salud pública y en el agua. El KJM ha demandado al gobierno nacional declarar una moratoria de quince años a la prospección, exploración y explotación minera argumentando la ausencia de una política pública para esa actividad, la falta de capacidad institucional estatal y la poca transparencia en el desarrollo del sector.

Recorriendo Haití

De Limonade, partimos hacia Cabo Haitiano (Cap-Haïtien, en francés; Okap o Kapayisyen, en criollo), para pasar la noche antes de viajar a Puerto Príncipe. En lo alto de la loma, donde quedaba el hotel al que llegamos, teníamos una vista hermosa de la ciudad y pudimos contemplar su arquitectura y el puerto. El hotel es una antigua construcción, recientemente restaurada, que debió pertenecer a algún rico comerciante. Cabo Haitiano fue en el siglo XVIII el más floreciente puerto económico y concentraba entonces las principales actividades comerciales del país. Sus viejas edificaciones de arquitectura colonial francesa conservan su esplendor. En ellas, es posible imaginar lo floreciente de este país antes de que Francia boicoteara su economía y de ser condenado a la mayor pobreza del continente.

Desde el puerto de Cabo Haitiano, salen a los mercados internacionales el banano, el café, el azúcar y el tabaco, pero la economía de este lugar también es ahora movida por la industria turística. Hay muchos atractivos; la bella y conservada arquitectura de la ciudad, el fuerte de la Citadelle Laferrierre, creado en el siglo XVII por los franceses y declarado hace unos años patrimonio de la Humanidad, y las hermosas playas caribeñas del departamento Norte.

La noche que pasamos en Cabo Haitiano pudimos escuchar a lo lejos los tambores del vudú, religión principal del pueblo haitiano. Al otro día, emprenderíamos un recorrido por tierra para llegar a Puerto Príncipe, donde tendríamos las últimas reuniones e intervenciones en algunos medios de comunicación locales.

Aunque teníamos la expectativa de ir a la Citadelle Laferriérre, el día amaneció lluvioso, de manera que esta visita se suspendió y emprendimos la marcha por la antigua carretera que comunica a Cabo Haitiano con Puerto Príncipe. El trayecto nos tomaría alrededor de ocho horas en un viejo bus lleno de haitianos, latinoamericanos, africanos y estadounidenses, quienes a estas alturas de la gira sentíamos cansancio,  pero ante todo, una gran hermandad y camaradería.

Casi no hubo paradas en el camino, pero pudimos observar lo diversa y bella que es Haití. Para algunos, este viaje significó romper con el imaginario de un pueblo triste y pobre y ver el contraste entre el verde de las montañas del norte y el color tierra de las áridas y deforestadas colinas que rodean Puerto Príncipe. Anduvimos en medio de la lluvia y la niebla, atravesamos poblados campesinos, cultivos de arroz y lugares donde era mágica la sensación de que nos encontrábamos en medio de Haití.

Llegamos a la capital al caer la tarde y agotados; en un hotel de religiosos cristianos nos esperaba una rica y caliente comida que habían preparado otros de los anfitriones, quienes también atendían las últimas actividades de esta larga jornada de solidaridad con el pueblo haitiano: foros públicos y una rueda de prensa.

Durante toda la gira, el rol de los y las jóvenes haitianas fue determinante. Provenían en su mayoría de organizaciones campesinas y estudiantiles y algunos recién egresados de las universidades hacían parte de los grupos encargados del evento. En sus caras siempre hubo una sonrisa y vimos la disponibilidad para resolver nuestras inquietudes. Por el notorio compromiso con su pueblo, asumieron con seriedad sus labores y fueron protagónicos en cada actividad. La lucha contra la minería y por la defensa del territorio en Haití tiene rostro joven.

Ya para terminar

Las calles de Puerto Príncipe están llenas de ventas callejeras con alimentos locales y artesanías. Su colorido y diversidad son impresionantes, igual que el barullo de la gente y de los carros, trasfondo de la escena. Los buses con tintes me recuerdan los Jeepneyes de Filipinas o nuestras chivas colombianas. A lo lejos, en las colinas, se pueden ver los techos de las nuevas construcciones para la gente que perdió su vivienda por el terremoto de 2010, que dejó más de 200 mil muertos. Aunque se cree que alrededor de 60 mil haitianos aún viven en campos de desplazados internos y otros miles, en construcciones precarias. Los huracanes también hacen de las suyas y cada cierto tiempo azotan la isla y la ciudad.

Los haitianos son gente talentosa y creativa, eso se refleja en sus artesanías y pinturas. En ellas expresan la riqueza de su cultura. Echan mano de cualquier material nuevo o reciclado como la madera, la tierra, el metal: hierro o aluminio (reciclan toda lata de aluminio que cae en sus manos), las telas, las hojas de plátano y las ramas de palma, el plástico para armar fabulosas piezas de arte o artesanía.

Su pintura es maravillosamente colorida y tiene un fuerte arraigo con sus raíces africanas. Trasmite misterio, cuentos y creencias ancestrales traídos de los tiempos de la esclavitud. En ella están presentes deidades del vudú (vèvè o lúas), al no ser muy explicitas, estas figuras pasan desapercibidas para los turistas que compran las pinturas.

Son muchas las historias dolorosas de este territorio: a la injusta condena económica referida y al terremoto reciente, se suman los huracanes frecuentes, las consecuencias de la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización en Haití (MINUSTAH por sus siglas en francés), impuesta desde 2004; el permanente asedio e injerencia de Estados Unidos, el cólera que recorre penosamente Haití dejando una estela de muertos. Sin embargo, en mi memoria estarán siempre presentes estos días de alegría y reflexión, las sonrisas y el entusiasmo de la juventud que defiende lo suyo, la majestuosidad del Caribe, el verde de las montañas del norte, el colorido y barullo de sus calles y el talento de sus artesanos y artistas.

Haití seguirá siendo para mí, el pueblo que marcó a América el camino de la rebeldía y que nos mueve hoy a los latinoamericanos.

arbol primer premio

Ilustración de Angie Vanessita Cárdenas Roa.

http://sakuritadesign.blogspot.com.co/

Este artículo fue publicado en la Revista Semillas No. 63/64

Artículo autoría de Tatiana Roa Avendaño1

Introducción

A la finca de don Luis, un agricultor de Betulia, Santander, llegaron en desbandada miles de aves y animales hambrientos que tuvieron que huir de su hábitat cuando se llenó la represa construida en el río Sogamoso y con ellos se inundaron, en junio de 2014, más de 7 mil hectáreas del valle del río. La represa los desplazó. Ahora, las aves se comen el maíz que siembra el agricultor y los cerdos salvajes, como otros animales silvestres, acaban con la guanábana, el cacao, el banano, la naranja, la mandarina, la papaya o cualquier otro fruto que encuentren en su camino.

Don Luis ha tenido que adaptar sus cultivos para enfrentar el desplazamiento de los animales y también los cambios de temperatura y humedad que provoca el embalse de la represa, más conocida como Hidrosogamoso. El asunto es, según él mismo explica, que las flores y los frutos de las plantas se caen tempranamente por esos cambios, de manera que se pierde gran parte de su producción.

Caminamos con él por su finca, ubicada en las estribaciones de la Serranía de los Yariguíes. En ella, aún pueden observarse vestigios de caminos, seguramente indígenas, pero que hoy llevan el nombre de Lenguerke, un alemán contratado, por el Estado colombiano, en el siglo XIX para que abriera trocha hacia el río Magdalena. Los caminos se hacían con el fin de abrir nuevas rutas para el comercio fluvial, de facilitar la extracción de madera, pieles y otros bienes naturales de las selvas que cubrían el valle del río y era, territorio del pueblo indígena Yareguie o Yariguíaa.

La finca de don Luis es hermosa. Gran parte de ella es “montaña”, como llaman los campesinos a los terrenos de selva aún sin colonizar y alrededor de la casa donde habita se pueden observar diversos cultivos de cacao, con multitud de colores en sus frutos; también aguacates, plátano y muchos frutales.

La familia Ortiz, también de Betulia, cosecha aguacate, cacao, café, naranja, mandarina y otros frutales, pero también ha visto decaer la producción de aguacate: de 500 canastillas que sacaron en la cosecha de 2014, se redujo a 80 el siguiente año y este 2016, al parecer, la cosecha será aún menor.

Igual que don Luis y la familia Ortiz, otras miles de los municipios de San Vicente, Betulia, Zapatoca, Lebrija y Girón están padeciendo la hidroeléctrica construida durante los últimos diez años, que inició operación en 2014 y es propiedad de la empresa Isagén, antes estatal y hoy, en manos también privadas.

Hidrosogamoso fue transformando el paisaje desde el comienzo, impidió la pesca y el tránsito libre por el río, destruyó quebradas y contaminó las aguas. Además, durante el tiempo de construcción, llegaron miles de personas al territorio, por las promesas de empleo. Como consecuencia del proyecto se subió el costo de vida (arriendos y productos básicos), y se instalaron en la zona la drogadicción, la violencia y la prostitución.

Estos primeros párrafos son una antesala a lo que persigue este artículo: describir los conflictos y problemáticas provocados por el proyecto Hidroeléctrico Sogamoso y las formas como la gente se organiza para permanecer en su territorio.

Modelo extractivo – exportador

El caso de Hidrosogamoso, ilustra la forma como el sistema económico que domina hoy en el planeta ha ido subordinando las formas de vida rurales debido a que en él las aguas se entienden como un recurso natural indispensable pues puede proveer energía y al tiempo acumular el bien hídrico, de manera que garantiza los modelos de producción y consumo de la sociedad occidental.

En la actualidad, el fenómeno del desplazamiento ambiental o por “desarrollo” provocado por represas es considerado la causa de mayor desplazamiento en el mundo.

En Colombia, las represas han transformado de raíz los paisajes, las culturas, los medios de vida y la economía de extensas regiones. La disminución en la producción pesquera nacional tiene que ver con la construcción de hidroeléctricas en los principales ríos del país, de donde provenía la profunda riqueza íctica. Y no solo se perdió volumen, sino diversidad. Muchas especies endémicas están desapareciendo.

El atlas Ejatlas (https://ejatlas.org/), que coordina el ecologista catalán Joan Martínez Alier ha registrado 120 conflictos socioambientales en Colombia, lo que evidencia que en el país, al igual que en otros países del continente, se vive una vertiginosa carrera para impulsar el modelo extractivo-exportador a nombre del crecimiento económico. Maristela Svampa (2011: 183), considera que esta nueva fase del modelo neoliberal se impulsó luego de que previamente se crearan las bases legales e institucionales que garantizaron la institucionalización de los derechos de las transnacionales, así como la aceptación de la normatividad internacional que les respalda, está sustentada en la “acumulación por desposesión” (Harvey: 2003), máxima expresión de las relaciones capitalistas que intensifica el número de personas que son excluidas de su territorio y obligadas a abandonar sus formas de vida que están ligadas al aprovechamiento de los bienes comunes: biodiversidad, aguas, etc (Roa & Duarte, 2013).

La fase actual del desarrollo capitalista no sólo demanda materias primas sino que requiere grandes cantidades de energía y agua. De esta manera, una multitud proyectos hidroeléctricos han resurgido en el país, despojando a pueblos enteros de sus aguas, asunto que no puede entenderse como el control del simple fluido líquido, sino en lo que en su conjunto encierra la transformación de sus dinámicas hídricas naturales de los ríos.

Con el impulso de los proyectos hidroeléctricos, entre ellos Hidrosogamoso, El Quimbo e Ituango, Colombia espera convertirse en una gran potencia energética, no sólo para cubrir las demandas de energía que crecen con el consumo de los proyectos extractivos, sino que se quiere convertir en un proveedor de energía para una parte de los países vecinos.

El proyecto hidroeléctrico en el río Sogamoso

La gente de la región cuenta que empezaron a escuchar hace cincuenta años de un proyecto hidroeléctrico en el río Sogamoso. La hidroeléctrica se fue convirtiendo en el sueño de la clase dirigente del departamento de Santander, que asocia, como lo han hecho otros dirigentes en otras partes, el dominio de las aguas con un paso para alcanzar el anhelado desarrollo.

El proyecto se retomó a principios del siglo XXI, en el momento que se tuvieron las condiciones económicas y políticas para su construcción y puesta en operación. Hidrosogamoso se construyó en la cuenca baja del río, en el departamento de Santander, en el cañón donde el río se cruza con la Serranía la Paz.

Hidrosogamoso, que tiene un muro de 192 metros de altura, tiene una capacidad de generación de 820 MW, representa el 10% de la demanda energética nacional y para exportar energía eléctrica a los países vecinos. Hace parte de un conjunto de proyectos que se adelantan en la región del Magdalena Medio, en donde intervienen actores económicos nacionales e internacionales.

La hidroeléctrica represó las aguas de los ríos Sogamoso y Chucurí inundando cerca de 7.000 hectáreas, casi la extensión del municipio de Floridablanca (Santander). El proyecto impactó directamente los valles de ambos ríos afectando cientos de predios de varios municipios santandereanos: Girón, Betulia, Zapatoca, Los Santos, San Vicente de Chucurí y Lebrija. Girón aportó la mayor cantidad de tierras al proyecto, con un 31,7% del total inundado, y el territorio de Betulia fue divido en dos partes por el embalse.

De acuerdo con datos oficiales, sufrieron efectos nocivos 900 familias dedicadas a actividades agrícolas, pecuarias y de pesca, pero los afectados consideran que esta cifra están muy por debajo de la realidad. Aseguran que la empresa desconoció en el censo de afectados a familias de campesinos, pescadores, jornaleros, mineros artesanales y a vendedoras de pescado, entre otras comunidades. Se estima que el proyecto hidroeléctrico desplazó a más de mil personas por la inundación y otras miles están damnificadas por las transformaciones de la cuenca.

La empresa quedó con el control de 21.417 hectáreas declaradas de utilidad pública mediante Resolución Ejecutiva 230 de 2008. No sólo el área del embalse y la de la sala de máquinas, sino que están incluidas las zonas de protección, puesto que ISAGEN quedó con el control de cuenca y microcuencas que llevan sus aguas al embalse.

RECUADRO: El territorio.

La hidroeléctrica está construida en la cuenca baja del río Sogamoso, comprende un territorio de nueve municipios. En la parte alta de esta cuenca baja se encuentran Betulia, Girón, San Vicente de Chucurí, Zapatoca, Lebrija y parte del municipio Los Santos; en la media, Lebrija, otra parte de Los Santos y Sabana de Torres; en los bajos del río, están Puerto Wilches y Barrancabermeja. El río Sogamoso desemboca en el Magdalena, conocido por los yariguies como Yuma.

La cuenca baja hace parte de la región del Magdalena Medio, donde comenzó la colonización a mediados del siglo XIX y se intensificó con el auge petrolero de inicios del siglo XX. Más adelante, la riqueza hídrica y de sus tierras atrajo gentes de la costa, el Eje Cafetero y Antioquia, Santander que, en muchos casos, llegaron huyendo de la guerra, la exclusión y el hambre, buscando tierras para colonizar.

El río y los humedales los proveyeron de alimento y refugio. La abundancia pesquera alcanzaba para todos, incluso daba para comercializar. Además podían usufructuar sus playones e islotes para desarrollar sus medios de subsistencia de pobladores. Aprovecharon las inundaciones periódicas del río para alternar las diversas actividades productivas, entran y salen del río y de las ciénagas dependiendo de la época de lluvia o de sequía, como anfibios entran y salen del río, adaptando a su dinámica natural. Por ello, Fals Borda los caracterizó como pueblos de cultura anfibia.

Pero también la alternancia de actividades está asociada también a la poca estabilidad sobre la posesión de los terrenos que iban habitando. Ecopetrol y las empresas petroleras arrendaban a los campesinos las tierras concesionadas para la actividad petrolera, pero podía cancelarles el control cuando lo quisieran. También lo hizo el Inderena. Además, la concentración de la misma en manos de unos pocos y el desplazamiento forzado ha sido la constante en este territorio. Pero la gente permaneció en el territorio, aprovechando las tierras comunitarias y baldíos, y mediante experiencias de trabajo mancomunado.

La pesca potenció el comercio pesquero movilizando a muchos habitantes que se asentaron allí. También los colonos agricultores alternan sus labores tradicionales de agricultura y minería con las tareas pesqueras. A pescadores, campesinos sin tierra, colonos agricultores, mineros artesanales nunca les faltó el alimento. Además entre las comunidades mantuvieron intercambios de alimentos entre los pobladores de la Serranía y los del río.

En este territorio son varios los factores generadores de transformaciones territoriales: proyectos de infraestructura impulsados en la última década, entre ellos: la Ruta del Sol (doble calzada Bogotá-Costa Caribe), el Tren del Carare (rehabilitará las antiguas vías férreas), el proyecto de Navegabilidad del río Magdalena y la construcción de puertos multimodales sobre el río. Además, están avanzando proyectos de hidrocarburos convencionales y no convencionales (las mayores reservas de gas y petróleo de esquisto se encuentran en esta región), de minería (carbón, uranio y oro) en la Serranía de los Yariguies y de cultivos agroindustriales, principalmente de palma.

En el Sogamoso ha existido una alta diversidad de fauna íctica. Los pobladores locales hablan del pez bocachico, o de la dorada, el blanquillo, el comelón, el capaz, la golosa, las chocas, el boroncoro, la lamprea, el titeto, el hocicón, el capitán, el tierraloca, el bagre y el camarón de río. Incluso, mencionan los caimanes y las rayas. Actualmente, las actividades tradicionales de subsistencia son desplazadas por los daños ecológicos y por la disminución de la oferta de bienes naturales del río.

A todo esto se agrega la construcción de Hidrosogamoso.

Transformaciones territoriales

El 8 de junio de 2014, el río Sogamoso amaneció literalmente seco. El día anterior, a las 6 de la tarde, Isagén inició el llenado del embalse. Sin embargo, una falla técnica, que cerró todas las compuestas, interrumpió por completo el flujo de agua, por más de 12 horas. Miles de peces murieron. Hoy pervive el impacto emocional de este hecho sobre los habitantes de La Playa, un poblado de Betulia “aguas abajo” del muro, sobre el río Sogamoso, quienes en su mayoría nacieron al lado al río.

Una mujer pescadora relató conmovida: “nuestro río esta agonizante, nuestro río está triste, sus aguas ya no sirven ni para cultivar, los niños no pueden nadar en él”. La Playa vivió por décadas de la pesca, el comercio pesquero, el turismo comunitario, la agricultura de pancoger y la minería artesanal de arena. Ahora, hay cambios radicales producidos por Hidrosogamoso. Veámos algunos de estos cambios.

Desplazamiento ambiental

De la región salieron los habitantes que antes vivían en las más de 21 mil hectáreas que quedaron para el control directo de ISAGEN de manera que cientos de familias están sufriendo un nuevo fenómeno de desplazamiento, ya no por la violencia política.

A muchos se les vulneraron sus derechos básicos. La gente cuenta que fueron desplazadas las familias aparceras, en arriendo, o que simplemente se encontraban en las cercanías del río y no contaban con títulos de sus tierras. Dice que la empresa Isagén interpuso contra ellas acciones administrativas, ejecutadas por los alcaldes locales y que en muchos casos las desalojaron mediante el uso indebido de la fuerza. Otras muchas resistieron en su territorio, pero la etapa de construcción de la represa con la consecuente destrucción de sus medios de vida les obligó a irse.

En la actualidad la mayor parte de estos poblados están desolados. La gente se fue a la ciudad. Tuvo que partir hacia las ciudades cercanas: Bucaramanga o Barrancabermeja, donde viven sin mayores oportunidades laborales.

“Aguas arriba”, donde hoy queda el embalse, miles de campesinos perdieron sus tierras. La empresa reubicó a unos pocos, se hicieron nuevos asentamientos, pero, denuncian algunos, los proyectos productivos no “cuajaron” debido, de una parte, a que se impusieron proyectos ajenos a su cultura; de otra, a que existen dificultades de acceso a agua y falta de asesoría adecuada. Además, allí, algunas familias campesinas no cuentan con cuencas abastecedoras de agua, ni mucho menos con acueducto, lo que vuelve penosas las actividades cotidianas y los proyectos productivos, es una directa violación del derecho al agua.

Deterioro de la calidad del agua y pérdida de la pesca

La señora de La Playa tiene razón al advertir que las aguas del río tienen problemas. Un estudio de la Universidad Santo Tomas, liderado por el reconocido ambientalista e ingeniero químico Jairo Puente, concluyó que en las aguas del Sogamoso es grave la falta de oxígeno. De igual manera, dice un periódico local,

se observa que la temperatura del agua en la presa oscila entre los 31 y 32 grados centígrados, mientras que abajo ésta se reduce hasta los 25 grados centígrados. De igual forma, las condiciones de humedad relativa cambian desde 94% y se reduce incluso al 44%2.

Una de las razones de la mala calidad es la no remoción de la materia orgánica, una exigencia de la licencia ambiental, pero también, al represamiento de ríos contaminados:

El río Sogamoso, señala el profesor Puente, se forma de aguas del Chicamocha y del Suárez y el Suárez antes recibe al Fonce [tres de los ríos] más contaminados en Colombia, así que el agua primero que todo no viene de primera calidad, por lo que la licencia ambiental en sí ya exige son unos mínimos y las muestras dan cuenta que en algunos momentos del día hay datos inferiores, favoreciendo condiciones anaerobias, produciendo gases tóxicos y se producen también gases de [efecto] invernadero relacionados con el cambio climático (…) Cuando el oxígeno baja a estos niveles, no es posible que se desarrollen peces, así digan que se han sembrado alevinos3.

Cambios en el microclima y consecuencias

La región de influencia del proyecto se conoce en el país por su producción de aguacates y cacao de alta su calidad4. Además los aguacates criollos de la región son muy apetecidos en el país y en el exterior. Se considera que los suelos de la región y el clima son ideales para la producción de este rico fruto.

Sin embargo, ahora, estos cultivos están amenazados por los cambios en el microclima local, provocados por el embalse.

Hay cambios extremos de la temperatura (muy alta en el día y muy baja en la noche) y en la humedad. La disminución de las cosechas, según los pobladores locales, es notoria: las plantas no “cargan” los frutos, como antes, y además se han incrementando las plagas y enfermedades de los cultivos.

El desplazamiento de animales

Fundaexpresión, organización ambientalista que trabaja en la región, ha tenido que preparar talleres sobre serpientes para las comunidades de los municipios aledaños al embalse. El problema es que una desbandada de culebras ha llegado a las parcelas de campesinos, incluso de otros municipios como Piedecuesta, y están en alto riesgo de ser mordidos por las serpientes. También se conoce de otros animales que han llegado a los cultivos desesperados porque sus hábitats fueron destruidos.

El desplazamiento de animales fue denunciado por los pobladores locales desde la etapa de construcción, pues el ruido y la tala de árboles hicieron que muchos huyeran. Al quedar la obra en medio de la vía Bucaramanga – Barracabermeja, de alto tránsito vehicular, empezaron a verse animales muertos en la carretera. Isagén nunca respondió a las denuncias que se hicieron y se limitó a decir que tenían un plan de contingencia para tal situación. Los animales siguieron apareciendo muertos en la carretera durante el tiempo de la obra.

Con el llenado del embalse, la huida fue masiva y está afectando los cultivos de las comunidades, perjudicando las labores e ingresos de los y las campesinas. Se observa presencia de pumas, tigrillos, marranos, chácharos, tinajos, chiguieros, ardilla, mico careto, mono cotudo, picuro, aves como: chachivos, pericos, churicas, cochas, tulcán, siéntaro papayero. En veredas de Lebrija, Girón, Piedecuesta han aparecido manadas de cerdos monteses o baquiro (Pecarí tajacu). Los cerdos acaban con los cultivos.

La lucha por el Sogamoso

En 2008, los pobladores locales junto a ambientalistas, ONG, trabajadores y sindicalistas del área de influencia de la represa crearon el Movimiento Social por la Defensa del Río Sogamoso. En la medida en que avanza la construcción del proyecto, se intensifica en la zona la lucha por el reconocimiento de los derechos. El Movimiento acoge las diversas expresiones de descontentode los pobladores locales, que no se vieron recogidos en la “ilusión desarrollista” o las falsas promesas de empleos por parte de Isagén. Tampoco los convencieron las promesas de inversión social, que resultaron incoherentes con las realidades locales: cursos de panadería o proyectos productivos ajenos a la cultura local.

Por ello, organizan marchas y protestas en la zona y movilizaciones hacia Bucaramanga demandando mayor presencia del Estado y respuestas desde el gobierno departamental. También se han realizado acciones jurídicas demandando respuestas frente a los incumplimientos a la licencia ambiental.

El 14 de marzo de 2011, Día Internacional de Acción contra las represas, el Movimiento adelantó una movilización de tres días, hasta que se instaló una mesa de negociación entre la empresa y los afectados. En esa mesa participaron como garantes, la Diócesis de Barrancabermeja, el Programa por la Paz (PPPMM), algunosONG, asambleístas departamentales y la Unión Sindical Obrera de la Industria del Petróleo.

ISAGEN como en otras ocasiones no cumple y continúa en su trabajo de cooptar líderes y dividir el movimiento en alianza con los poderes regionales y los medios masivos de comunicación.

La última acción de impacto del Movimiento tuvo lugar entre marzo y septiembre de 2015 liderada principalmente por mujeres, que resistieron 6 meses en el Parque García Rovira, frente a la Gobernación de Santander, en unas condiciones extremadamente duras, demandando respuestas frente a la crisis humanitaria que se vive enla zona. El acuerdo entre las manifestantes, la gobernación e Isagén consistió en la promesa por parte de los dos últimos de un predio y proyectos productivos para atender la grave situación. Después de casi un año, nada han recibido los y las afectadas.

El Movimiento regional hace parte desde 2011 de uno más grande, el Movimiento Ríos Vivos. Al vincularse busca fortalecer sus demandas ganando resonancia nacional; pero también se moviliza en espacios regionales: recientemente, en Lisama y San Gil, se unió a otros movimientos de la zona, en el contexto de la Minga Nacional, que obligó al gobierno nacional a negociar con los campesinos y las campesinas del país.

Aunque en condiciones extremadamente difíciles, la lucha continua y el movimiento busca fortalecerse haciendo presencia en múltiples espacios sociales y políticos de la región.

Reflexiones finales

Don Luis sabe que las plantaciones que Isagén está sembrando en las llamadas por la misma empresa áreas de protección del embalse no van a resolver el desplazamiento animal. Sin duda, en medio de pinos y eucaliptos, no encontrarán alimento ni refugio. Por eso, él adapta sus cultivos para que también haya frutales para los animales. “Ellos no tienen la culpa, están aquí porque les han destruido sus lugares de vivienda; nosotros tenemos respuesta para enfrentar esta situación. Sin embargo, Isagén no nos oye”.

Las comunidades campesinas afectadas por Hidrosogamoso son en gran parte pequeños campesinos con muy poca tierra o sin ella, pescadores, mineros artesanales o comerciantes de pescado, cuyos principales medios de subsistencia estuvieron siempre basados en los bienes comunes que les proveían el río o la selva. Para ellos, los daños son significativos y en muchos casos irreparables, pues se destruyeron las relaciones de subsistencia con el río Sogamoso y se transformó el territorio.

Sin embargo, tienen claro que en ellos están las respuestas para restablecer el equilibrio ambiental y social en el territorio. Porque lo conocen. Es por eso que están en la búsqueda de construir nuevas relaciones de producción y nuevas relaciones con la naturaleza que garanticen los medios y la sustentabilidad para que las comunidades puedan permanecer en el territorio.

En eso trabaja a diario el Movimiento Ríos Vivos en Santander.

Referencias

FALS BORDA, O. 2002. Historia doble de la Costa. Resistencia en el San Jorge, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, Banco de la República y El Áncora Editores

HARVEY, D. 2003. The new imperialism. Oxford y New York, The Oxford University Press

MCCULLY, P, 2004. Ríos silenciados – Ecología y política de las grandes represas- . Buenos Aires. Editorial Proteger.

ROA AVENDAÑO, T., DUARTE, B., Agosto 2013, “Desarrollo hidroeléctrico, despojo y transformación territorial: El caso de Hidrosogamoso, Santander, Colombia”. En Arroyo, Aline y Boelens, Rutgerd, Aguas Robadas. Despojo Hídrico y Movilización Social. Quito, Abya Yala, Justicia Hídrica y el Instituto de Estudios Peruanos, IEP.

ROA AVENDAÑO, T., 2010. Crisis alimentaria y la respuesta de los mundos locales, el caso de una organización de pescadores, campesinos e indígenas. Tesis de grado. Universidad Andina Simón Bolívar, Quito

SVAMPA, M., 2011.“Modelos de desarrollo, cuestión ambiental y giro eco-territorial”, En Alimonda, Héctor (coordinador), La Naturaleza colonizada. Ecología Política y minería en América Latina, Buenos Aires: Clacso

1Ambientalista, coordinadora general de Censat Agua Viva, Magíster en Estudios Latinoamericano Universidad Andina Simón Bolívar, email: coordinacion@censat.org

2http://www.vanguardia.com/economia/local/307621-alertan-por-el-agua-usada-en-hidrosogamoso

3.Ibid

4En 2015, la Federación Nacional de Cacaoteros anunció la exportación de 1.000 toneladas de cacao de los municipios de San Vicente de Chucurí, El Carmen de Chucurí, Zapatoca y Betulia a países europeos (véase http://www.sanvicentedechucuri-santander.gov.co/noticias.shtml?apc=ccx-1-&x=1374095)

 

Escuela Mujer y Minería. Foto archivo Censat Agua Viva

Escuela Mujer y Minería. Foto archivo Censat Agua Viva

Artículo publicado en el libro “Negociaciones gobierno-ELN y sin embargo, se mueve” / Víctor de Currea-Lugo (ed)

Autores: Tatiana Roa Avendaño & Danilo Urrea / CENSAT Agua Viva Amigos de la Tierra – Colombia

La cuestión ambiental emerge como un asunto fundamental en los nuevos escenarios de negociación del conflicto armado y será también vital en un posible posacuerdo

En los últimos años, dado el modelo de desarrollo impuesto, los conflictos socioambientales, también llamados conflictos ecológico- distributivos (Martínez Alier, 2004) han emergido con mucha fuerza. Ese modelo ha priorizado la extracción de minerales e hidrocarburos y la producción hidroeléctrica y agroindustrial para la exportación, y con ello se controlan los territorios y los bienes comunes.

En Colombia, ese control de territorios, en función de propósitos económicos e intereses de las transnacionales, se facilita mediante políticas y programas institucionales: es así que se amplían las fronteras extractivas y agroindustriales en el territorio nacional provocando una profunda reconfiguración territorial.

Continúe leyendo en el documento adjunto.

doc_censat_2015_pazyambiente

Autoras: Rosa Bermúdez, Tatiana Roa, Karol Zambrano

Ilustración: Angie Vanessita Cárdenas Roa http://www.acdesign.tk

Gráfica alusiva a LOS TERRITORIOS, LA MINERÍA Y NOSOTRAS: LAS MUJERES NOS PREGUNTAMOS. Guía de trabajo

La actividad de las grandes empresas extractivas mineras ha despojado a las mujeres de sus tierras y les ha dejado la contaminación de los suelos, los ríos, el aire y el entorno. Ha agredido su territorio cuerpo y su territorio social. Por supuesto, no sólo a ellas les ha ocurrido, pero es necesario referirse a los impactos sobre sus vidas, porque ellas son corazón de los territorios. Uno de los impactos de la industria minera es la desvalorización del trabajo de las mujeres, cuando se pone en riesgo la soberanía, que ellas conducen, o cuando se rompen las posibilidades de la vida familiar y comunitaria.

En este libro, elaborado desde la mirada de las mujeres que habitan en los territorios vulnerables y vulnerados por la gran minería, se proponen interrogantes y ejercicios que constituyen guías temáticas y metodológicas para avanzar en el diagnóstico de los territorios. Se propone como un material de trabajo para utilizar en grupos y que sigue en construcción, como lo están las categorías, las propuestas y el conocimiento en materia de la relación mujer y minería.

Para leer el texto completo en PDF Mujer y Minería

 

 Gert Steenssens / EsperanzaProxima.net

Gert Steenssens / EsperanzaProxima.net

Autoras: Bibiana Duarte Abadía y Tatiana Roa Avendaño

 

Resumen: En los páramos hoy se expresan gran parte de los conflictos sociales y ambientales originados por la expansión minera, lo que evidencia múltiples dilemas de valoración y encuentro de intereses que están asociados a los diversos contextos culturales, ambientales, históricos, sociales y económicos. Para comunidades alejadas de estos espacios – sociedades urbanas -, la importancia de los páramos se centra en el suministro de agua. Esta valoración subyace del encuentro de concepciones ecológica y económicas. Sin embargo es reduccionista e inviable al excluir valoraciones socio – culturales que a su vez se constituyen por las relaciones establecidad con el páramo.
Este artículo buscará mostrar las diversas concepciones y valoraciones existentes sobre los páramos y los efectos que éstas tienen en un contexto de justicia hídrica.
Palabras claves: páramos, lenguajes de valoración, agua, conflictos sociales, conflictos ambientales, justicia, justicia hídrica.

Artículo publicado en Revista Javeriana. Enero – Febrero 201. Número 801. Tomo 150.

 

Ver artículo completo en: El dilema de valoración de los páramos. El caso de Santurban

Author(s): Rutgerd Boelens | Bibiana Duarte | Rossana Manosalvas | Patricio Mena | Tatiana Roa | Juana Vera

ABSTRACT

Ilustración Angie Vanessita www.acdesign.tk

Ilustración Angie Vanessita http://www.acdesign.tk

This paper examines the threats to Indigenous water rights and territories in the Andean countries. It analyzes how water and water rights are embedded in Indigenous territories, and how powerful actors and intervention projects tend to undermine local societies and indigenous livelihoods by developing large-scale water infrastructure. Three cases illustrate the encroachment process. In Colombia, the Embera Katio people’s water territory is colonized by a large-scale hydropower development project. In Ecuador, large-scale drinking water development for megacities aims the water belonging to the Oyacachi community’s indigenous highland territory. In Peru, communal water rights of the Colca Valley indigenous peasantry are under threat because of large-scale irrigation development. As the cases show, Indigenous peoples and communities actively contest the undermining and subordination of their water and territorial rights through a myriad of multi-scalar livelihood defense strategies. The challenges that indigenous peoples face to defend their water-based livelihoods are, however, enormous and growing every day.

Keywords
water rights, policies, politics, hydraulic megaprojects, Indigenous territories, livelihoods, culture, neoliberalism, social mobilization, Andean Nation, Andean region.

Acknowledgments
This paper is based on action-research and academic investigations realized by researchers of the Justicia Hídrica alliance from 2009 to 2011. The Justicia Hídrica alliance is abroad international network of scholars, activists, grassroots leaders and water professionals committed to critical water policy and rights analysis, working chiefly in Latin America, but also in Africa, Asia, North America and Europe. Research, training and advocacy activities are done in close collaboration with indigenous, small-holder and civil society organizations (see http://www.justiciahidrica.org)

See paper: Contested Territories: W at er Rights and the S truggles over Indigenous Livelihoods