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La Guajira

Soñemos La Guajira sin minería. Ilustración de Angie Vanessita http://www.angievanessita.com

Por Tatiana Roa Avendaño

Bogotá, 1 de marzo de 2019

En el horizonte hacia el norte del municipio de Barrancas, en el departamento de La Guajira, se aprecia una serie de montículos; cualquier desprevenido pensaría hacen parte de las estribaciones de los Montes de Oca, un sistema montañoso situado en la región suroriental del departamento de La Guajira. No es así: son montañas artificiales de materiales estériles1, formadas luego de más de tres décadas de extracción de carbón térmico para la exportación. El emblemático cerro de El Cerrejón2, del que derivó el nombre de la mina, se extravía visualmente en medio de las múltiples montañas de estériles que ahora le rodean. El Cerrejón ya no es el cerro sagrado wayúu, ahora está bloqueado por la mina de carbón. El desarrollo minero no sólo se apropió del territorio, sino también de los referentes simbólicos de los pueblos guajiros3: indígenas wayúu y afrocolombianos, habitantes ancestrales de la península que lleva el nombre del departamento. Alrededor de 69 mil hectáreas son parte del proyecto minero, la mina de carbón a cielo abierto más grande del continente.

El antiguo valle del río Ranchería, que poseía las tierras más fértiles de esta región semi-seca, se transformó en un paisaje minero que consiste en protuberancias y cavidades, carreteables y carrileras del tren. Por él circulan cientos de mega-camiones que mueven el estéril y de paso moldean el paisaje. En el interior de la mina, veinticuatro horas cada día, como pequeñas hormigas transitan las grandes máquinas retroexcavadores que horadan la tierra extrayendo el mineral fósil. El tren se dirige al norte para llevar el carbón al puerto para su exportación hacia mercados de Europa, Norteamérica y Asia. El polvillo de estéril y de carbón se esparce por toda la zona y al reaccionar con el agua y el aire, contamina los ríos, los aljibes, los cultivos, los poblados. Un reciente informe de Indepaz (2018: 12) dice: “Las mediciones de la propia empresa demostraron alcanzar niveles de concentraciones de metales pesados como cadmio, plomo, zinc y manganeso, que sobrepasan de manera repetitiva y extrema los límites establecidos para preservar la flora y fauna”. La artista mexicana Dana Prieto llama a estos pasivos ambientales regalos malditos4. Más de tres décadas de extracción de carbón en La Guajira han provocado profundas transformaciones en el paisaje, en las dinámicas sociales, económicas y culturales de la media Guajira, y en general del departamento. El Cerrejón es un claro ejemplo del extractivismo moderno o neoextractivismo.

1 El material estéril es aquél que no tiene interés minero o económico para la empresa. El geólogo colombiano Julio Fierro cuestiona el hecho de que este material muchas veces se llama o considera inerte, es decir, que no puede producir reacciones químicas. Sin embargo, al entrar en contacto con el agua y el aire, provoca reacciones y produce aguas ácidas.

2 El cerro del Cerrejón es un lugar sagrado del pueblo wayúu. Allí se encuentran gran parte de las plantas medicinales que hacen parte de la tradición de los wayúu y afrocolombianos. El Cerro está dentro del área de concesión. Pero actualmente está controlado por un batallón minero-energético y los habitantes locales no pueden subir al cerro.

3 Todos los proyectos de la empresa minera han sido bautizados con nombres indígenas, como por ejemplo, el proyecto P500, para desviar el río Ranchería, fue nombrado Liwo ‘Uyaa, que en wayúu significa “las estrellas que anuncian la primavera”

4 La artista expresa que lo que deja la minería en los territorios, son regalos malditos que prometen progreso, mejoras estructurales, beneficios ambientales, pero que resultan ser más una maldición. 

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Este documento es un trabajo colectivo de organizaciones y personas que somos parte de la Alianza Latinoamericana frente al fracking, realizado en 2016. Participamos en el equipo editorial: Aroa de la Fuente, Julio Holanda, Astrid Milena Bernal, Tatiana Roa Avendaño, Hernan Scandizzo, Héctor Herrera Santoyo, Bianca Diele, Ariel Pérez Castellón y Roberto Ochandio.

Introducción
América Latina es una región altamente dependiente de los combustibles fósiles tanto como bien exportable, como el consumo interno. El 78% de la energía consumida en la región es de ese tipo de fuente. Para mantener esta matriz energética local y global, los países productores de hidrocarburos han estado extrayendo estos recursos a tasas muy elevadas, lo que impactó en una amplia caída de las reservas en buena parte de ellos.
Ante esta situación, varios gobiernos Latinoamericanos están promoviendo el avance extractivo sobre nuevas fronteras hidrocarburíferas en el intento de incrementar sus reservas de petróleo y gas, a la vez que desestiman la búsqueda de alternativas energéticas sostenibles. La ampliación de estas fronteras conlleva, por una parte, el avance territorial de las actividades extractivas sobre áreas protegidas, territorios indígenas o ecosistemas frágiles como la Amazonía. Por otra parte, impulsa la extracción de energías extremas, hidrocarburos que por una serie de condiciones geológicas, técnicas y financieras no habían sido explotados hasta la actualidad.

Lea el texto completo en archivo anexo. informe_regional_ultima_frontera_alff

Lea el capítulo sobre Colombia en archivo anexo. informe_regional_ultima_frontera_alff

Autores: María Cecilia Roa García*, Tatiana Roa Avendaño**
y Alberto Acosta***

No hay un camino para la paz,
La paz es el camino
Mahatma Gandhi

Artículo publicado en: Ecología Política Latinoamericana. Pensamiento crítico, diferencia latinoamericana y rearticulación epistémica. Clacso

Ilustracion: Angie Vanessita. http://www.angievanessita.com

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Ilustración: Angie Vanessita http://www.angievanessita.com

Colombia en transición hacia la paz con justicia ambiental.

El año 2016 marca un nuevo comienzo en la historia de Colombia. Con la ratificación del acuerdo entre el Estado colombiano con las FARC se pretende poner fin a un período de más de 50 años de hostilidades. Igualmente quedó abierta la puerta para la negociación entre el gobierno nacional y el Ejército de Liberación Nacional – ELN. Sin minimizar la trascendencia de este proceso, argumentamos que el fin del conflicto armado en Colombia podría conducir a la exacerbación de los conflictos socio-ambientales que han caracterizado la larga historia de actividades extractivas y de los métodos violentos que han primado en este país para lidiar con dichos conflictos. Recordemos que el gobierno de Colombia depende del sector extractivo como generador de ingresos, y ha asignado grandes áreas a inversionistas privados para el desarrollo de actividades asociadas
con la extracción petrolera, minera, y los monocultivos para exportación; y por otro lado, porque propone el extractivismo como fundamental para financiar, espera que los ingresos que se obtengan del extractivismo sean una fuente fundamental de financiamiento de muchos compromisos del proceso de transición a la paz.

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Fotografía: Plantón contra el fracking en Colombia. Tatiana Roa Avendaño

Durante los últimos años se han esgrimido argumentos para defender la agresiva ocupación territorial que están haciendo las empresas petroleras, incluso en territorios sin historia de extracción petrolera. A lo largo de 2016 fue reiterada, tanto por el presidente Juan Manuel Santos, por como los directivos de Ecopetrol y otras empresas, y el Ministerio de Minas y Energía, la importancia que tendría el desarrollo petrolero en el posconflicto. Sin embargo, durante los últimos meses el desarrollo de iniciativas comunitarias han logrado detener algunos proyectos extractivos, utilizando una articulación de diversas estrategias de movilización, legales, incidencia política y comunicación, poniendo en jaque al sector petrolero.

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“Extremas. Nuevas fronteras del extractivismo energético en Latinoamérica” reúne artículos publicados entre setiembre y diciembre de 2016 en la web de Oilwatch Latinoamérica. Con esta revista digital intentamos poner en diálogo diferentes abordajes sobre la energía extrema, aportar elementos para la crítica a la civilización fósil y reafirmar la convicción en la imperiosa necesidad de construir alternativas.

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Por Tatiana Roa Avendaño

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Resumen
En las últimas décadas, de Norte a Sur de Latinoamérica, comunidades locales convocaron y adelantaron referendos, consultas populares, consultas autónomas e iniciativas populares para participar en decisiones relacionadas con proyectos extractivos. Esto ocurrió en Sicapaca, Huehuetenango e Ixtahuacan (Guatemala); en Cerrito, Piedras y Tauramena (Colombia); en Cotacachi (Ecuador), en Tambogrande y Cajamarca (Perú) y en Esquel (Argentina). El curso de estas acciones sugiere varias ideas: i) La utilización de esos mecanismos de participación democrática, reconocidos o no por los Estados, nutre la defensa territorial ya iniciada por muchas de estas comunidades desde hace varias décadas. No son procesos aislados sino integrales de las luchas de resistencia que impulsan las comunidades en diversas parte del continente frente al modelo extractivista impuesto; ii) en cada una, se reflejan percepciones diferenciadas sobre el desarrollo, la gestión de los bienes comunes y la participación democrática; y iii) se reclama por el derecho a decidir sobre su futuro y el de su territorio.

Texto publicado en: Consulta Previa y Modelos de Desarrollo. Aura María Puyana (compiladora), Red Observa

Ver libro completo: http://www.infoindigena.org/attachments/article/580/2016-Consulta-previa-modelos-desarrollo-Colombia.pdf

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Por Tatiana Roa Avendaño – Censa Agua Viva – Amigos de la Tierra Colombia

Viajé a Haití entre el 5 y el 11 de mayo de 2016 invitada por Broederlijk Delen, BD, organización de cooperación y solidaridad de Bélgica. La emoción era grande. Estaría en el país que inició la ruta de la independencia latinoamericana en épocas de la colonización europea sobre nuestros territorios y en el primero del mundo donde se abolió la esclavitud.

Mi arribo estuvo convulsionado. En Puerto Príncipe, su capital, había múltiples protestas dado que el gobierno aplazó varias veces las elecciones para elegir al nuevo presidente. Así, el vehículo que me llevaba a casa de mis anfitriones tuvo que dar muchas vueltas buscando sortear las manifestaciones. Mientras llegaba, desde lo alto de la ciudad podía ver las secuelas del terremoto de 2010 y pensaba que al otro día madrugaríamos para viajar a Cabo Haitiano.

Llegué al país caribeño para participar en una gira por algunos lugares, organizada por el Colectivo Justicia Minera (Kolektif Jistis Min – KJM) y otras organizaciones haitianas, latinoamericanas, africanas y estadounidenses. Estas contaban con el apoyo de organizaciones de cooperación que trabajan en solidaridad con Haití, entre ellas, BD.

El KJM está constituido por diversas organizaciones y redes haitianas, entre ellas Tèt Kole Ti Peyizan Ayisyen (TK), compuesta por pequeños campesinos; la Plataforma de las organizaciones haitianas de derechos humanas (POHDH), el Movimiento Democrático Popular (MODEP), Justicia y Paz (JILAP), la Oficina de defensores de los oprimidos (DOP) y la Plataforma de Acción para un Desarrollo Alternativo (PAPDA).

El propósito de la gira era compartir nuestras experiencias sobre el avance de la minería y de las luchas que resisten ante sus proyectos en América y África e informar a las comunidades, organizaciones sociales y público en general las consecuencias que podrían tener los proyectos mineros que se vienen planeando para el país caribeño. Fuimos invitadas personas activistas de Ecuador, Perú, México, El Salvador, Congo, Sudáfrica, República Dominicana y Colombia y a nosotras se sumaron el Mining Watch, la Clínica de Justicia Global de la Facultad de Derecho de Nueva York, el Centro para los Derechos Humanos y la Justicia Global (Center for Human Rights and Global Justice), agrupación de estudiantes y profesores de diversos países que apoyan luchas, como su nombre lo dice, por la justicia global. Juntos recorrimos comunidades y visitamos ciudades importantes del país: Puerto Príncipe, Limonade y Cabo Haitiano.

En la tierra de Dessalines, Pétion, Christophe, muchos hombres y mujeres valientes como ellas han tenido que enfrentar la adversidad histórica de una injusta condena por haber desafiado al poder colonial para alcanzar su liberación: Francia impuso una indemnización de 150 millones de francos oro al pueblo haitiano para reconocer su independencia, valor equivalente, a precios de hoy, a 21 mil millones de dólares, que les ha llevado al empobrecimiento económico de su población.

Lastimosamente para mí, sólo pude llegar cuatro días después de haber iniciado la gira. Me integré al grupo en la ciudad de Limonade, nombre que los españoles dieron a este lugar (en su idioma, Pueblo del Limón debido a la presencia de muchos árboles de esta fruta). Pero pude entonces asistir a un multitudinario foro y a un acto cultural en la Universidad del Estado de Haití, Campus Roi Henri Christophe, que tiene una infraestructura moderna sorprendente. Luego me enteré de que este campus abrió recientemente sus puertas para su funcionamiento y fue donado por el gobierno de República Dominicana al pueblo haitiano.

Limonade se encuentra a menos de una hora de Cabo Haitiano, en el noroeste de la isla y estando allí pude conversar por primera vez con las delegaciones internacional y haitiana que venía de recorrer las comunidades que estarían afectadas por los bloques mineros que pretende explotar el gobierno haitiano con empresas transnacionales. Llegaron entusiasmadas de sus visitas a las comunidades campesinas del departamento del Norte.

La minería en Haití

Como en el resto del continente, la “fiebre” de la minería ha contagiado a Haití. El gobierno de este país tiene planes de abrirse a la inversión extranjera en estas materias y, para hacerlo, pretende cambiar la legislación minera. Al respecto, los activistas haitianos informaron durante el recorrido que existe un proyecto de ley disponible desde agosto de 2014, promovido por la Cámara de Comercio Haitiano-Canadiense (CCHC) y formulado por asesores del Banco Mundial.

Los propósitos gubernamentales van andando no obstante las condiciones de alta vulnerabilidad ambiental de la isla por la aguda deforestación (se estima que la cobertura forestal del país es menor del 2%), las intensas sequías, la escasez de agua, la alta frecuencia de fenómenos naturales, así como la debilidad institucional, la corrupción y la inestabilidad política. Además, los proyectos mineros se lanzan en territorios todavía protegidos: los bloques se construirían en una región campesina y con mucho verde, el Macizo du Nord, en el departamento del Noroeste,  que contrasta con el escenario de deforestación y aridez mencionado.

La ley echaría por la borda aquella vigente desde 1976, con la consecuencia de alentar notorios retrocesos en términos económicos y de soberanía frente a la riqueza minera. El colectivo KJM y Camille Chalmer, reconocido economista y activista haitiano que hace parte de la Plataforma Haitiana de Incidencia para el Desarrollo Alternativo, PAPDA, alertan con respecto a que el proyecto de ley, siguiendo la tendencia de las últimas reformas mineras en Latinoamérica, no establece un régimen de regalías que garantice beneficios para Haití.

En 2012, el gobierno ya había entregado algunas concesiones para exploración minera. Estas se encontraban en Morne Bossa, muy cerca de Limonade y se otorgaron a empresas como VCS Mining Inc., Majescor Resources Inc., Newmont Mining Corp. y Eurasian Minerals Inc. Sin embargo, meses después se suspendieron cuando el Congreso haitiano declaró una moratoria minera “tras decretar que los permisos expedidos ya no eran legales” (Ver: http://www.diariolibre.com/economia/economia-personal/minera-en-hait-en-espera-entre-incertidumbre-y-oposicin-KQDL1098121), mientras aclaraba si “el país tiene la capacidad para regular adecuadamente una industria tan compleja” (Ibidem).

Ahora, los grupos organizados de la sociedad haitiana cuestionan el camino propuesto por el gobierno de su país. Consideran que pone los intereses de las transnacionales por encima de los del Estado y la población, dado que podría provocar graves conflictos ambientales, en la salud pública y en el agua. El KJM ha demandado al gobierno nacional declarar una moratoria de quince años a la prospección, exploración y explotación minera argumentando la ausencia de una política pública para esa actividad, la falta de capacidad institucional estatal y la poca transparencia en el desarrollo del sector.

Recorriendo Haití

De Limonade, partimos hacia Cabo Haitiano (Cap-Haïtien, en francés; Okap o Kapayisyen, en criollo), para pasar la noche antes de viajar a Puerto Príncipe. En lo alto de la loma, donde quedaba el hotel al que llegamos, teníamos una vista hermosa de la ciudad y pudimos contemplar su arquitectura y el puerto. El hotel es una antigua construcción, recientemente restaurada, que debió pertenecer a algún rico comerciante. Cabo Haitiano fue en el siglo XVIII el más floreciente puerto económico y concentraba entonces las principales actividades comerciales del país. Sus viejas edificaciones de arquitectura colonial francesa conservan su esplendor. En ellas, es posible imaginar lo floreciente de este país antes de que Francia boicoteara su economía y de ser condenado a la mayor pobreza del continente.

Desde el puerto de Cabo Haitiano, salen a los mercados internacionales el banano, el café, el azúcar y el tabaco, pero la economía de este lugar también es ahora movida por la industria turística. Hay muchos atractivos; la bella y conservada arquitectura de la ciudad, el fuerte de la Citadelle Laferrierre, creado en el siglo XVII por los franceses y declarado hace unos años patrimonio de la Humanidad, y las hermosas playas caribeñas del departamento Norte.

La noche que pasamos en Cabo Haitiano pudimos escuchar a lo lejos los tambores del vudú, religión principal del pueblo haitiano. Al otro día, emprenderíamos un recorrido por tierra para llegar a Puerto Príncipe, donde tendríamos las últimas reuniones e intervenciones en algunos medios de comunicación locales.

Aunque teníamos la expectativa de ir a la Citadelle Laferriérre, el día amaneció lluvioso, de manera que esta visita se suspendió y emprendimos la marcha por la antigua carretera que comunica a Cabo Haitiano con Puerto Príncipe. El trayecto nos tomaría alrededor de ocho horas en un viejo bus lleno de haitianos, latinoamericanos, africanos y estadounidenses, quienes a estas alturas de la gira sentíamos cansancio,  pero ante todo, una gran hermandad y camaradería.

Casi no hubo paradas en el camino, pero pudimos observar lo diversa y bella que es Haití. Para algunos, este viaje significó romper con el imaginario de un pueblo triste y pobre y ver el contraste entre el verde de las montañas del norte y el color tierra de las áridas y deforestadas colinas que rodean Puerto Príncipe. Anduvimos en medio de la lluvia y la niebla, atravesamos poblados campesinos, cultivos de arroz y lugares donde era mágica la sensación de que nos encontrábamos en medio de Haití.

Llegamos a la capital al caer la tarde y agotados; en un hotel de religiosos cristianos nos esperaba una rica y caliente comida que habían preparado otros de los anfitriones, quienes también atendían las últimas actividades de esta larga jornada de solidaridad con el pueblo haitiano: foros públicos y una rueda de prensa.

Durante toda la gira, el rol de los y las jóvenes haitianas fue determinante. Provenían en su mayoría de organizaciones campesinas y estudiantiles y algunos recién egresados de las universidades hacían parte de los grupos encargados del evento. En sus caras siempre hubo una sonrisa y vimos la disponibilidad para resolver nuestras inquietudes. Por el notorio compromiso con su pueblo, asumieron con seriedad sus labores y fueron protagónicos en cada actividad. La lucha contra la minería y por la defensa del territorio en Haití tiene rostro joven.

Ya para terminar

Las calles de Puerto Príncipe están llenas de ventas callejeras con alimentos locales y artesanías. Su colorido y diversidad son impresionantes, igual que el barullo de la gente y de los carros, trasfondo de la escena. Los buses con tintes me recuerdan los Jeepneyes de Filipinas o nuestras chivas colombianas. A lo lejos, en las colinas, se pueden ver los techos de las nuevas construcciones para la gente que perdió su vivienda por el terremoto de 2010, que dejó más de 200 mil muertos. Aunque se cree que alrededor de 60 mil haitianos aún viven en campos de desplazados internos y otros miles, en construcciones precarias. Los huracanes también hacen de las suyas y cada cierto tiempo azotan la isla y la ciudad.

Los haitianos son gente talentosa y creativa, eso se refleja en sus artesanías y pinturas. En ellas expresan la riqueza de su cultura. Echan mano de cualquier material nuevo o reciclado como la madera, la tierra, el metal: hierro o aluminio (reciclan toda lata de aluminio que cae en sus manos), las telas, las hojas de plátano y las ramas de palma, el plástico para armar fabulosas piezas de arte o artesanía.

Su pintura es maravillosamente colorida y tiene un fuerte arraigo con sus raíces africanas. Trasmite misterio, cuentos y creencias ancestrales traídos de los tiempos de la esclavitud. En ella están presentes deidades del vudú (vèvè o lúas), al no ser muy explicitas, estas figuras pasan desapercibidas para los turistas que compran las pinturas.

Son muchas las historias dolorosas de este territorio: a la injusta condena económica referida y al terremoto reciente, se suman los huracanes frecuentes, las consecuencias de la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización en Haití (MINUSTAH por sus siglas en francés), impuesta desde 2004; el permanente asedio e injerencia de Estados Unidos, el cólera que recorre penosamente Haití dejando una estela de muertos. Sin embargo, en mi memoria estarán siempre presentes estos días de alegría y reflexión, las sonrisas y el entusiasmo de la juventud que defiende lo suyo, la majestuosidad del Caribe, el verde de las montañas del norte, el colorido y barullo de sus calles y el talento de sus artesanos y artistas.

Haití seguirá siendo para mí, el pueblo que marcó a América el camino de la rebeldía y que nos mueve hoy a los latinoamericanos.