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Por Tatiana Roa Avendaño

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Resumen
En las últimas décadas, de Norte a Sur de Latinoamérica, comunidades locales convocaron y adelantaron referendos, consultas populares, consultas autónomas e iniciativas populares para participar en decisiones relacionadas con proyectos extractivos. Esto ocurrió en Sicapaca, Huehuetenango e Ixtahuacan (Guatemala); en Cerrito, Piedras y Tauramena (Colombia); en Cotacachi (Ecuador), en Tambogrande y Cajamarca (Perú) y en Esquel (Argentina). El curso de estas acciones sugiere varias ideas: i) La utilización de esos mecanismos de participación democrática, reconocidos o no por los Estados, nutre la defensa territorial ya iniciada por muchas de estas comunidades desde hace varias décadas. No son procesos aislados sino integrales de las luchas de resistencia que impulsan las comunidades en diversas parte del continente frente al modelo extractivista impuesto; ii) en cada una, se reflejan percepciones diferenciadas sobre el desarrollo, la gestión de los bienes comunes y la participación democrática; y iii) se reclama por el derecho a decidir sobre su futuro y el de su territorio.

Texto publicado en: Consulta Previa y Modelos de Desarrollo. Aura María Puyana (compiladora), Red Observa

Ver libro completo: http://www.infoindigena.org/attachments/article/580/2016-Consulta-previa-modelos-desarrollo-Colombia.pdf

Ver texto completo del artículo en archivo anexo

2016-Consulta-previa-modelos-desarrollo-Colombia

 

 

 

Por Tatiana Roa Avendaño – Censa Agua Viva – Amigos de la Tierra Colombia

Viajé a Haití entre el 5 y el 11 de mayo de 2016 invitada por Broederlijk Delen, BD, organización de cooperación y solidaridad de Bélgica. La emoción era grande. Estaría en el país que inició la ruta de la independencia latinoamericana en épocas de la colonización europea sobre nuestros territorios y en el primero del mundo donde se abolió la esclavitud.

Mi arribo estuvo convulsionado. En Puerto Príncipe, su capital, había múltiples protestas dado que el gobierno aplazó varias veces las elecciones para elegir al nuevo presidente. Así, el vehículo que me llevaba a casa de mis anfitriones tuvo que dar muchas vueltas buscando sortear las manifestaciones. Mientras llegaba, desde lo alto de la ciudad podía ver las secuelas del terremoto de 2010 y pensaba que al otro día madrugaríamos para viajar a Cabo Haitiano.

Llegué al país caribeño para participar en una gira por algunos lugares, organizada por el Colectivo Justicia Minera (Kolektif Jistis Min – KJM) y otras organizaciones haitianas, latinoamericanas, africanas y estadounidenses. Estas contaban con el apoyo de organizaciones de cooperación que trabajan en solidaridad con Haití, entre ellas, BD.

El KJM está constituido por diversas organizaciones y redes haitianas, entre ellas Tèt Kole Ti Peyizan Ayisyen (TK), compuesta por pequeños campesinos; la Plataforma de las organizaciones haitianas de derechos humanas (POHDH), el Movimiento Democrático Popular (MODEP), Justicia y Paz (JILAP), la Oficina de defensores de los oprimidos (DOP) y la Plataforma de Acción para un Desarrollo Alternativo (PAPDA).

El propósito de la gira era compartir nuestras experiencias sobre el avance de la minería y de las luchas que resisten ante sus proyectos en América y África e informar a las comunidades, organizaciones sociales y público en general las consecuencias que podrían tener los proyectos mineros que se vienen planeando para el país caribeño. Fuimos invitadas personas activistas de Ecuador, Perú, México, El Salvador, Congo, Sudáfrica, República Dominicana y Colombia y a nosotras se sumaron el Mining Watch, la Clínica de Justicia Global de la Facultad de Derecho de Nueva York, el Centro para los Derechos Humanos y la Justicia Global (Center for Human Rights and Global Justice), agrupación de estudiantes y profesores de diversos países que apoyan luchas, como su nombre lo dice, por la justicia global. Juntos recorrimos comunidades y visitamos ciudades importantes del país: Puerto Príncipe, Limonade y Cabo Haitiano.

En la tierra de Dessalines, Pétion, Christophe, muchos hombres y mujeres valientes como ellas han tenido que enfrentar la adversidad histórica de una injusta condena por haber desafiado al poder colonial para alcanzar su liberación: Francia impuso una indemnización de 150 millones de francos oro al pueblo haitiano para reconocer su independencia, valor equivalente, a precios de hoy, a 21 mil millones de dólares, que les ha llevado al empobrecimiento económico de su población.

Lastimosamente para mí, sólo pude llegar cuatro días después de haber iniciado la gira. Me integré al grupo en la ciudad de Limonade, nombre que los españoles dieron a este lugar (en su idioma, Pueblo del Limón debido a la presencia de muchos árboles de esta fruta). Pero pude entonces asistir a un multitudinario foro y a un acto cultural en la Universidad del Estado de Haití, Campus Roi Henri Christophe, que tiene una infraestructura moderna sorprendente. Luego me enteré de que este campus abrió recientemente sus puertas para su funcionamiento y fue donado por el gobierno de República Dominicana al pueblo haitiano.

Limonade se encuentra a menos de una hora de Cabo Haitiano, en el noroeste de la isla y estando allí pude conversar por primera vez con las delegaciones internacional y haitiana que venía de recorrer las comunidades que estarían afectadas por los bloques mineros que pretende explotar el gobierno haitiano con empresas transnacionales. Llegaron entusiasmadas de sus visitas a las comunidades campesinas del departamento del Norte.

La minería en Haití

Como en el resto del continente, la “fiebre” de la minería ha contagiado a Haití. El gobierno de este país tiene planes de abrirse a la inversión extranjera en estas materias y, para hacerlo, pretende cambiar la legislación minera. Al respecto, los activistas haitianos informaron durante el recorrido que existe un proyecto de ley disponible desde agosto de 2014, promovido por la Cámara de Comercio Haitiano-Canadiense (CCHC) y formulado por asesores del Banco Mundial.

Los propósitos gubernamentales van andando no obstante las condiciones de alta vulnerabilidad ambiental de la isla por la aguda deforestación (se estima que la cobertura forestal del país es menor del 2%), las intensas sequías, la escasez de agua, la alta frecuencia de fenómenos naturales, así como la debilidad institucional, la corrupción y la inestabilidad política. Además, los proyectos mineros se lanzan en territorios todavía protegidos: los bloques se construirían en una región campesina y con mucho verde, el Macizo du Nord, en el departamento del Noroeste,  que contrasta con el escenario de deforestación y aridez mencionado.

La ley echaría por la borda aquella vigente desde 1976, con la consecuencia de alentar notorios retrocesos en términos económicos y de soberanía frente a la riqueza minera. El colectivo KJM y Camille Chalmer, reconocido economista y activista haitiano que hace parte de la Plataforma Haitiana de Incidencia para el Desarrollo Alternativo, PAPDA, alertan con respecto a que el proyecto de ley, siguiendo la tendencia de las últimas reformas mineras en Latinoamérica, no establece un régimen de regalías que garantice beneficios para Haití.

En 2012, el gobierno ya había entregado algunas concesiones para exploración minera. Estas se encontraban en Morne Bossa, muy cerca de Limonade y se otorgaron a empresas como VCS Mining Inc., Majescor Resources Inc., Newmont Mining Corp. y Eurasian Minerals Inc. Sin embargo, meses después se suspendieron cuando el Congreso haitiano declaró una moratoria minera “tras decretar que los permisos expedidos ya no eran legales” (Ver: http://www.diariolibre.com/economia/economia-personal/minera-en-hait-en-espera-entre-incertidumbre-y-oposicin-KQDL1098121), mientras aclaraba si “el país tiene la capacidad para regular adecuadamente una industria tan compleja” (Ibidem).

Ahora, los grupos organizados de la sociedad haitiana cuestionan el camino propuesto por el gobierno de su país. Consideran que pone los intereses de las transnacionales por encima de los del Estado y la población, dado que podría provocar graves conflictos ambientales, en la salud pública y en el agua. El KJM ha demandado al gobierno nacional declarar una moratoria de quince años a la prospección, exploración y explotación minera argumentando la ausencia de una política pública para esa actividad, la falta de capacidad institucional estatal y la poca transparencia en el desarrollo del sector.

Recorriendo Haití

De Limonade, partimos hacia Cabo Haitiano (Cap-Haïtien, en francés; Okap o Kapayisyen, en criollo), para pasar la noche antes de viajar a Puerto Príncipe. En lo alto de la loma, donde quedaba el hotel al que llegamos, teníamos una vista hermosa de la ciudad y pudimos contemplar su arquitectura y el puerto. El hotel es una antigua construcción, recientemente restaurada, que debió pertenecer a algún rico comerciante. Cabo Haitiano fue en el siglo XVIII el más floreciente puerto económico y concentraba entonces las principales actividades comerciales del país. Sus viejas edificaciones de arquitectura colonial francesa conservan su esplendor. En ellas, es posible imaginar lo floreciente de este país antes de que Francia boicoteara su economía y de ser condenado a la mayor pobreza del continente.

Desde el puerto de Cabo Haitiano, salen a los mercados internacionales el banano, el café, el azúcar y el tabaco, pero la economía de este lugar también es ahora movida por la industria turística. Hay muchos atractivos; la bella y conservada arquitectura de la ciudad, el fuerte de la Citadelle Laferrierre, creado en el siglo XVII por los franceses y declarado hace unos años patrimonio de la Humanidad, y las hermosas playas caribeñas del departamento Norte.

La noche que pasamos en Cabo Haitiano pudimos escuchar a lo lejos los tambores del vudú, religión principal del pueblo haitiano. Al otro día, emprenderíamos un recorrido por tierra para llegar a Puerto Príncipe, donde tendríamos las últimas reuniones e intervenciones en algunos medios de comunicación locales.

Aunque teníamos la expectativa de ir a la Citadelle Laferriérre, el día amaneció lluvioso, de manera que esta visita se suspendió y emprendimos la marcha por la antigua carretera que comunica a Cabo Haitiano con Puerto Príncipe. El trayecto nos tomaría alrededor de ocho horas en un viejo bus lleno de haitianos, latinoamericanos, africanos y estadounidenses, quienes a estas alturas de la gira sentíamos cansancio,  pero ante todo, una gran hermandad y camaradería.

Casi no hubo paradas en el camino, pero pudimos observar lo diversa y bella que es Haití. Para algunos, este viaje significó romper con el imaginario de un pueblo triste y pobre y ver el contraste entre el verde de las montañas del norte y el color tierra de las áridas y deforestadas colinas que rodean Puerto Príncipe. Anduvimos en medio de la lluvia y la niebla, atravesamos poblados campesinos, cultivos de arroz y lugares donde era mágica la sensación de que nos encontrábamos en medio de Haití.

Llegamos a la capital al caer la tarde y agotados; en un hotel de religiosos cristianos nos esperaba una rica y caliente comida que habían preparado otros de los anfitriones, quienes también atendían las últimas actividades de esta larga jornada de solidaridad con el pueblo haitiano: foros públicos y una rueda de prensa.

Durante toda la gira, el rol de los y las jóvenes haitianas fue determinante. Provenían en su mayoría de organizaciones campesinas y estudiantiles y algunos recién egresados de las universidades hacían parte de los grupos encargados del evento. En sus caras siempre hubo una sonrisa y vimos la disponibilidad para resolver nuestras inquietudes. Por el notorio compromiso con su pueblo, asumieron con seriedad sus labores y fueron protagónicos en cada actividad. La lucha contra la minería y por la defensa del territorio en Haití tiene rostro joven.

Ya para terminar

Las calles de Puerto Príncipe están llenas de ventas callejeras con alimentos locales y artesanías. Su colorido y diversidad son impresionantes, igual que el barullo de la gente y de los carros, trasfondo de la escena. Los buses con tintes me recuerdan los Jeepneyes de Filipinas o nuestras chivas colombianas. A lo lejos, en las colinas, se pueden ver los techos de las nuevas construcciones para la gente que perdió su vivienda por el terremoto de 2010, que dejó más de 200 mil muertos. Aunque se cree que alrededor de 60 mil haitianos aún viven en campos de desplazados internos y otros miles, en construcciones precarias. Los huracanes también hacen de las suyas y cada cierto tiempo azotan la isla y la ciudad.

Los haitianos son gente talentosa y creativa, eso se refleja en sus artesanías y pinturas. En ellas expresan la riqueza de su cultura. Echan mano de cualquier material nuevo o reciclado como la madera, la tierra, el metal: hierro o aluminio (reciclan toda lata de aluminio que cae en sus manos), las telas, las hojas de plátano y las ramas de palma, el plástico para armar fabulosas piezas de arte o artesanía.

Su pintura es maravillosamente colorida y tiene un fuerte arraigo con sus raíces africanas. Trasmite misterio, cuentos y creencias ancestrales traídos de los tiempos de la esclavitud. En ella están presentes deidades del vudú (vèvè o lúas), al no ser muy explicitas, estas figuras pasan desapercibidas para los turistas que compran las pinturas.

Son muchas las historias dolorosas de este territorio: a la injusta condena económica referida y al terremoto reciente, se suman los huracanes frecuentes, las consecuencias de la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización en Haití (MINUSTAH por sus siglas en francés), impuesta desde 2004; el permanente asedio e injerencia de Estados Unidos, el cólera que recorre penosamente Haití dejando una estela de muertos. Sin embargo, en mi memoria estarán siempre presentes estos días de alegría y reflexión, las sonrisas y el entusiasmo de la juventud que defiende lo suyo, la majestuosidad del Caribe, el verde de las montañas del norte, el colorido y barullo de sus calles y el talento de sus artesanos y artistas.

Haití seguirá siendo para mí, el pueblo que marcó a América el camino de la rebeldía y que nos mueve hoy a los latinoamericanos.

Autores: OPSUR, CEDIB Y CENSAT AGUA VIVA – Amigos de la Tierra Colombia

Gráfica alusiva a Ultima Gota - Fracking en LatinoAmérica Soberanias Tuteladas, Nuevas Fronteras, Principio Precautorio, Resistencias. FRACTURA EXPUESTA n3

Empresas y gobiernos clavaron sus ojos sobre yacimientos de frontera: no convencionales y offshore. El estancamiento de los niveles globales de extracción tradicional de petróleo y el improbable descubrimiento de mega yacimientos, son parte del problema que se agudiza con el incremento exponencial del consumo de energía –no sólo por los países del Norte global sino, también, por las economías emergentes, como China e India.

Para ver el documento completo en PDF Ultima Gota – Fracking en LatinoAmérica Soberanias Tuteladas, Nuevas Fronteras, Principio Precautorio, Resistencias.

Libro Minería territorio y conflicto. Editores: C. Toro, J. Fierro, S. Coronado y T. Roa Avendaño

Libro Minería territorio y conflicto. Editores: C. Toro, J. Fierro, S. Coronado y T. Roa Avendaño

Tatiana Roa Avendaño1

Los derechos de los herejes no se mendigan,

se instauran en micro-zonas de la sociedad mediante resistencias.

Porque los herejes son infinitamente más inermes que los congresistas de las repúblicas.

No tienen otra alternativa que resistir, desobedecer, ser tenaces e irreductibles”

Mario Calderon

Una tarde de noviembre, un desfile de comparsas sorprendió las calles de Bucaramanga2. Se destacaba la de un gran pulpo de enormes tentáculos que, junto a unos robots, representaba a las empresas trasnacionales mineras e instituciones financieras, en una alegoría del poder que se extiende para apoderarse de las riquezas de las alta smontañas. En otra comparsa de diversos animales, sobre salía un gran pez al que acompañaban campesinos, mujeres, niños y niñas llevando cartelesy cantando consignas alusivas a los ríos, al agua y a la vida.

Había más: atarrayas y pescadores que denunciaban la destrucción de los ríos y, con eso, la desaparición de la fuente de su sustento, un robot de cianuro y mercurio, payasos, muñecas gigantes, bandas musicales, todo ello asombraba a los transeúntes.

Al llegar a una céntrica plazoleta de la ciudad, las comparsas hicieron para el público un performance en el que todos estos personajes se enfrentaban: simulaban la lucha entre las empresas mineras, por una parte, y los defensores de la vida y opositores al extractivismo, por otra. Al final, todos los animales unidos pudieron derrotar al gran pulpo minero.

Las comparsas fueron obra de mujeres y hombres campesinos, indígenas, afrodescendientes y pobladores urbanos e irrumpieron en la capital de Santander denunciando teatralmente los intereses económicos de lasmineras sobre sus territorios. En esta escena se consiguió entablar un diálogo entre los pobladores del campo y los de la ciudad, que estaban dentro de la representación o que fueron llegando a observar el desfile.

Como mucho de lo que hacen las organizaciones sociales, culturales y ambientales en Santander, las comparsas se hicieron para sensibilizar al pueblo santandereano acerca de la amenaza minera sobre las cadenas de páramo del oriente colombiano, que son especialmente territorios de agua, y acerca de los riesgos en que están los ríos por la construcción de grandes hidroeléctricas

En las comunidades de Santander, como en otras que habitamos en el sur global, se ha asumido la práctica de laresistencia como una estrategia de lucha mancomunada y propositiva, como una posibilidad para frenar las amenazas extractivistas, el despojo y las expropiaciones culturales y espaciales, proponiendo y abriendo las puertas a otras manerasde habitar y construir el territorio.

Este artículo reflexiona sobre los procesos deresistencia a la gran minería en Colombia, destacando los diferentes elementos y estrategias que utilizan las comunidades y losmovimientos sociales para dar forma a estos procesos. Interesa preguntarse sobre las estrategias y los argumentos de las resistencias locales frente a los proyectos y las políticas mineras, así como frente a las empresas mineras y sus promotores. ¿Cuáles son los lenguajes con que las comunidades fortalecen sus resistencias?¿Cuáles han sido sus estrategias para detener las amenazas a su territorio y cultura?¿Cómo han conseguido atraer a nuevos sectores de la sociedad para que se sumen a las resistencias?

Leer texto completo. Palabras para narrar la resistencia

1Ambientalista, hace parte del equipo de trabajo de Censat Agua Viva. Este artículo contó con los valiosos aportes de la antropóloga Jessica Toloza y la editora Luisa María Navas.

2Las comparsas recorrieron las calles del Barrio La Joya de la ciudad de Bucaramanga y luego se introdujeron en el centro de la ciudad, en el acto de inauguración del II Festival de Expresiones Rurales que se adelantó entre el18y el20denoviembrede2011.

Abrigando futuros

26 octubre 2013

Moratoria petrolera: el carácter estratégico de la propuesta. 

Ilustración Angie Vanessita Cárdenas Roa

Ilustración Angie Vanessita Cárdenas Roa

 

 

 

La propuesta de moratoria petrolera, vigente desde los orígenes de la Red Oilwatch, fue presentada en 1996, cuando saltaba a la escena internacional la obligación de tomar medidas para enfrentar el cambio climático. Desde ese año, la propuesta de la moratoria petrolera se recoge en todas las declaraciones internacionales de Oilwatch y en 1997 el tema de discusión fue colocado en el marco del protocolo de Kioto, instrumento internacional con el que los países terminaron construyendo evasivas para frenar la extracción y consumo de hidrocarburos fósiles. La pregunta obvia era, ¿por qué sacrificar nuevas áreas por un combustible que ya no debería extraerse?

 

La moratoria a la exploración petrolera fue planteada como un reclamo y como el ejercicio de derechos, además del llamado a considerar los impactos locales, nacionales y globales: la deforestación y destrucción de las bases de sustento de la gente, la dependencia económica de los países con relación a la extracción de sus reservas y la crisis climática.

 

De la moratoria se avanzó a plantear diferentes estrategias de protección de territorios dejando el crudo en tierra. La propuesta, tal y como fue presentada para el Yasuní, partió de la modalidad de “responsabilidades comunes pero diferenciadas” y nació como una crítica al capitalismo petrolero. Esta Iniciativa recogió en sus orígenes los argumentos y las luchas de las comunidades frente a las políticas y proyectos petroleros de diferentes regiones del mundo.

 

La propuesta lograría, a nivel local, un reconocimiento hacia los pueblos que, con su resistencia, protegen no sólo sus territorios, sino el conjunto del planeta. Además, la necesidad de amparar la resistencia resultaba prioritaria por la creciente corriente nacional e internacional de criminalización a los defensores de la naturaleza.

 

A nivel nacional, la Iniciativa proponía un profundo cuestionamiento al extractivismo. En una coyuntura de apertura a la minería a gran escala, permitía plantear los temas desde la experiencia vivida por el país en materia petrolera. Adicionalmente, buscaba evitar la apertura de la frontera petrolera hacia otros territorios indígenas y áreas protegidas.

 

A nivel internacional, cuestionaba las evasivas y la injusticia ambiental construidas alrededor del surgimiento de los mercados de carbono y en general las políticas neoliberales con relación al clima, cuyas maniobras pretenden bloquear las salidas propias de un capitalismo devastador, aunque ahora enverdecido.

 

En este contexto, la propuesta Yasuní de dejar el crudo en el subsuelo nació con un carácter estratégico crucial: enfrentar el modelo petrolero desmontando su capacidad de imponerse en lo local, expandirse en lo nacional y acomodarse en lo internacional, ocultándose frente las crisis del momento.

 

Las propuestas que se presentan en esta publicación amplían esa misma línea crítica al capitalismo petrolero.

Lea el texto completo Abrigando futuros. La propuesta de la moratoria petrolera

 

 

La construcción de este proyecto hidroeléctrico en el departamento de Huila ha causado protestas, una batalla jurídica y la intervención de la Fuerza Pública. Tatiana Roa, activista de Censat Agua Viva que se opone al proyecto, explica el trasfondo de la controversia.

Tatiana Roa Avendaño. Censat Agua Viva – Amigos de la Tierra Colombia.

Árbol de la vida. Angie Vanessita Cárdenas Roa. http://www.acdesign.tk

Resumen:

La alta demanda de energía y los altos precios del crudo explican por qué la geografía colombiana se ha cuadriculado en bloques petroleros para ser entregada a través de “rondas” a las transnacionales del sector. Los proyectos petroleros se ofrecen como una oportunidad para alcanzar el anhelado “desarrollo”, sin embargo, poco se advierte de sus riesgos ambientales y sociales. Esta actividad económica es considerada una de las más contaminantes e intensivas en uso de bienes naturales. Con algunos casos emblemáticos se ha querido recordar la triste historia ambiental del extractivismo petrolero. Mientras unas pocas trasnacionales petroleras han obtenido jugosas ganancias, al país le ha quedado una inmensa deuda ecológica y social, que nunca se ha considerado en las cuentas “alegres” por el negocio petrolero. Lo preocupante es que después de 100 años de actividad extractiva, las cosas no parecen cambiar y más bien tienden a empeorar.

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En la década de 1960, la empresa estadounidense Texaco, ahora Chevron Corporation, inició la exploración de petróleo en la provincia de Sucumbios en la Amazonia Ecuatoriana, en un área de 5 millones de acres de selva húmeda tropical amazónica. En 1967, la transnacional encontró crudo provocandouna fiebre petrolera que atrajo a otras compañías como Chevron, Amoco y Grace, y con ellos llegó la ampliación de las áreas de exploración y explotación en esa región del país. Pasados 30 años Lago Agrio produjo 1,7 billones de barriles de petróleo junto a una estela de daños ambientales en toda la región.

Entre 1964 y 1992, se vertieron 16 mil millones de galones de agua de formación en los complejos sistemas hídricos, según datos de la propia empresa, aproximadamente 4 millones de galones diarios. Es decir, 30 veces más crudo que el vertido en el derrame de Exxon Valdez. Al verterse directamente las aguas de formación sobre arroyos, ríos, pantanos y suelos, las fuentes hídricas se contaminaron con petróleo, sales y metales pesados altamente cancerígenos, en concentraciones que superaban los estándares ecuatorianos.

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