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Fotografía: Puerto de Barrancabermeja. Tatiana Roa Avendaño

Por: Tatiana Roa Avendaño

La victoria del ‘no’ a la refrendación de los acuerdos de terminación del conflicto armado en Colombia llevó a una renegociación entre el gobierno colombiano y las Farc ¿Qué se ha firmado en el nuevo Acuerdo? Quienes ganaron el plebiscito pusieron mucho interés en que cambiara el contenido del punto, “Hacia un nuevo campo colombiano: reforma rural integral”, ¿por qué?, ¿en qué ha quedado finalmente?

El país esperaba de 2016 que trajera a la mayoría del pueblo colombiano una esperanza de cambio, después de 4 años largos de conversaciones entre el gobierno y la organización insurgente Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, en las que además de la finalización del conflicto armado con esa guerrilla, se promovía “la construcción de una paz estable y duradera”. Esas conversaciones abordaron, además de los aspectos particulares de las partes sentadas en la mesa, otros propios de la vida de las mayorías, como la tierra y la inclusión de sectores por siempre excluidos. Aunque los diálogos tenían lugar en una isla del Caribe, Cuba, y poco se vivía en Colombia el día a día de lo que sucedía allí, sí se percibía con mayor o menor intensidad una promesa de transformaciones.

Pero lo más aturdidor ocurrió el 2 de octubre. Unos días antes, en Cartagena, gobierno e insurgencia habían firmado el acuerdo y mediante un plebiscito se esperaba su refrendación por parte de la sociedad colombiana. La pregunta que se hizo para votar SÍ o NO fue: “¿Apoya usted el acuerdo final para terminar el conflicto y construir una paz estable y duradera?”. Ese día, triunfó el NO. Un resultado incomprensible fuera y dentro del país.

El resultado del plebiscito obligó a gobierno y a insurgencia a revisar lo acordado. Después de casi dos meses, el 24 de noviembre, el presidente Juan Manuel Santos y el máximo Comandante de la organización guerrillera firmaron el que se llamó “nuevo acuerdo”, esta vez, en Bogotá.

¿Qué pasó en el plebiscito?

En agosto de 2016 se llegó al cese bilateral y definitivo de hostilidades entre el gobierno y las FARC, con el que se tuvo la seguridad de que se firmaría el acuerdo. Para refrendar este acuerdo se pactó la realización de un plebiscito y durante dos meses tuvo lugar la campaña para ganar adeptos para uno y otro bando. Pero entre las dos campañas hubo una gran diferencia: la del SÍ fue dispersa, mientras la del No se montó y afianzó sobre la mentira y el miedo. El Centro Democrático, el sector político más retrogrado del país, encabezado por el expresidente Álvaro Uribe Vélez y las iglesias desempeñaron un enorme papel entre sus seguidores, a quienes auguraban un futuro tenebroso en caso de aprobarse ese acuerdo.

Otras razones para explicar la victoria del no fue la enorme abstención, en buena medida porque la mayor parte de la gente desconocía el contenido de lo acordado y tampoco había existido ninguna labor de acercamiento permanente a la ciudadanía para que conociera y asimilara lo que estaba sucediendo en Cuba. También hubo personas que votaron NO al acuerdo porque denunciaban así la falta de una participación social efectiva en el proceso de negociación y reclamaban su derecho a haber tomado parte de él; otras criticaban su alcance porque no atendía las reivindicaciones y exigencias de la sociedad para llegar a una paz con justicia social. Por último, entre los motivos del NO estaba la baja popularidad del presidente Santos en ese momento, quien con sus políticas y programas ha contradicho su discurso por una paz como camino hacia un cambio real en favor de los sectores populares. En sus dos periodos presidenciales, ha impulsado la llamada “locomotora minero – energética”, brindando incentivos a la inversión extranjera en detrimento de los bienes naturales del país, y ofreciendo bloques mineros y petroleros por toda la geografía colombiana, con las consecuencias que esto ha traído a las poblaciones, a los territorios y a la nación en general.

Lo que quedó sobre la tierra en el nuevo acuerdo

A pesar de las alertas lanzadas por las movilizaciones y por sectores de opinión acerca de la posibilidad de que se estuviera fraguando un pacto entre élites, las negociaciones para reformular el acuerdo definitivo fueron consolidando un pacto entre élites. Esto puede verse con claridad en el texto definitivo del acuerdo sobre el campo colombiano.

Todo lo concerniente a la tierra ya fue el eje central de las conversaciones entre las Farc y el gobierno en La Habana. Se trató como primer punto del acuerdo y su importancia obedece tanto a las implicaciones de este tema en la historia de la organización insurgente como al hecho de que la propiedad de la tierra ha estado en el centro de las causas de la guerra en el país. En este punto, en el nuevo acuerdo se hicieron concesiones decisivas a los promotores del NO en el plebiscito que cambiaron en buena parte la naturaleza de lo originalmente aprobado.

Los promotores del NO exigieron y lograron que el nuevo acuerdo señalara explícitamente el respeto a la propiedad privada y el reconocimiento a la producción empresarial de gran escala: “nada de lo establecido en el acuerdo debe afectar el derecho constitucional a la propiedad privada”, dice el nuevo texto. Esto significa que el Fondo de Tierras en el nuevo acuerdo solo prevé la restitución de 3 millones de hectáreas de las 8 millones que se estima les fueron arrebatadas a sus propietarios durante el conflicto armado y que se conformaría principalmente con terrenos baldíos1 (extensiones de tierra pública y no titulada, tierras provenientes de reservas forestales y/o de extinción de dominio), seguramente sin tocar a los señores de la tierra, nombre dado a los terratenientes colombianos, unos de los principales responsables del despojo.

El nuevo acuerdo introdujo también el principio de “desarrollo integral del campo”, entendido como el “balance entre las diferentes formas de producción existentes –agricultura familiar, agroindustria, turismo, agricultura comercial de escala–”. De esta forma, se concibe un campo donde deben coexistir la agricultura campesina y la agricultura comercial de gran escala, pero bajo la óptica de “la inversión en el campo con visión empresarial” y la promoción de la asociatividad entre ambas, lo que pone en desventaja a la agricultura campesina, olvidada desde hace décadas en las políticas agrarias y los programas gubernamentales orientados a favorecer a la agricultura comercial.

El nuevo texto incluye y prioriza como beneficiaria del Fondo de Tierras a la “población rural victimizada, incluyendo sus asociaciones de víctimas”, y ya no se extenderán los beneficios exclusivamente a “los trabajadores y trabajadoras con vocación agraria sin tierra o con tierra insuficiente, las mujeres rurales, mujeres cabeza de familia y a la población desplazada”, como lo decía el texto original. Hablar de “población rural victimizada”, además, incluirá a medianos y grandes propietarios que son considerados víctimas de la guerra.

Otro aspecto polémico del nuevo acuerdo es que se incluyó la formalización de la legalización de unos 7 millones de hectáreas de tierra pues ello significa “regularizar los derechos de propiedad” de los propietarios y ocupantes, “siempre que no haya despojo o mala fe”. Esto se ha utilizado para presionar a que se legalicen las tierras usurpadas durante el conflicto porque ahora sus propietarias son personas que, sin ser directamente las victimarias, las adquirieron después. Esto ha venido entorpeciendo la recuperación por parte de quienes fueron despojados de sus tierras en el conflicto.

Paz con justicia social y ambiental

El triunfo del No hizo palpables los intereses de la élite ligada a la tierra y por ende, los de los sectores afines a la guerra, con la que mejor pueden mantener sus privilegios. Entre estos grupos de poder y el representado por el presidente Juan Manuel Santos, pudiera estarse trazando un puente, mucho más cuando lograron un acuerdo para desarmar a la organización guerrillera y hay un contrincante ahora menos peligroso. Esto no significa decir que no se está porque se acabe la confrontación armada, sino que hay un escenario nuevo para las élites.

El reto de las organizaciones sociales y políticas que jalonan la construcción de la paz está en impedir la consolidación de un pacto de élites y, al tiempo, en fortalecer las propuestas desde el campo popular en distintos escenarios. En este momento, este desafío tiene un centro de atención: conseguir que se acaben las muertes sistemáticas de líderes sociales que defienden los territorios.

El pasado 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos, diversas organizaciones ambientalistas colombianas le expresamos al estado colombiano y a la ciudadanía nacional e internacional nuestra preocupación por esos asesinatos. Porque mientras se habla de paz, se agrava la situación de derechos humanos de quienes defienden la tierra y el territorio. Más de 96 personas líderes sociales y ambientalistas han sido asesinadas y más de 200, amenazadas en el último año. Nada más contrario a la construcción de paz en el país.

No obstante, es preciso continuar respaldando el espíritu del acuerdo recientemente firmado entre el gobierno y las Farc, lo mismo que la búsqueda de un proceso serio y definitivo de diálogo con el Ejército de Liberación Nacional, ELN, la segunda fuerza insurgente colombiana.

En la perspectiva de construcción de paz, dichas organizaciones, proponemos lo siguiente:

En el camino de construcción de la paz, tenemos que llegar a lo más profundo: nuestra reconciliación entre hermanos y hermanas de una misma nación, al tiempo con la reconciliación como especie y como sociedad con la naturaleza, nuestra madre que nos alberga en la supervivencia y en la vida.

La VIDA es sagrada y solo sobre ese principio ético y moral podemos construir la paz, de ahí que es fundamental ofrecer garantías de protección inmediata a la vida en todas sus formas, haciendo realidad los derechos humanos y los derechos de la Naturaleza, lo que implica garantizar el derecho a la vida de las personas que defienden los derechos de las comunidades y de nuestra Madre Tierra.

Es prioritario y urgente reconocer lo ambiental como núcleo fundamental en los conflictos históricos de Colombia, la naturaleza ha estado presente en el conflicto armado en su doble condición: como escenario y como botín de la guerra, y en esta noción se incluyen los territorios y los cuerpos de los seres humanos, que también son naturaleza.

La construcción de paz en Colombia exige la justicia social y ambiental, nada se alcanzará en el rumbo de la paz sin una ética y un habitar armónico con la Naturaleza que sean su base y fundamento. Son más de cinco siglos de agresiones a las relaciones ecológicas, a los ciclos biológicos, a los flujos de materia y energía y a los cuerpos humanos, que son la misma tierra, que están llegando a límites críticos.

Es imprescindible reconocer a todos los pueblos como sujetos políticos de cambio y permitirle a todas las comunidades desempeñar un papel protagónico en las decisiones y políticas ambientales, dignidades históricamente negadas.

De particular importancia son las iniciativas que consideran la naturaleza no como recurso, sino como sistema del que hacemos parte; iniciativas que tratan de superar la cultura individualista, discriminatoria y competitiva

Recuadro

Zonas de Interés de Desarrollo Rural y Económico: ¿otra contrarreforma agraria?

En materia de tierras, desde 2015 se venían dando ya las inconsistencias con lo que se anunciaba en las conversaciones entre el gobierno colombiano y las Farc. Mientras en La Habana se hablaba de un acuerdo que reduciría la profunda desigualdad en la propiedad de la tierra, en Bogotá, se negociaba una ley en el Congreso de la República para crear las llamadas Zonas de Interés de Desarrollo Rural y Económico (Zidres), con el interés de que las corporaciones nacionales o transnacionales pudieran acceder a extensiones sin límite por medio de concesión o arrendamiento (Guereña, 2016: 62).

Tatiana Roa Avedaño Ambientalista colombiana, coordinadora general de Censat Agua Viva

* Texto publicado en la Revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas. No. 27. Enero 2017

1. “En Colombia, las tierras estatales (denominadas “baldíos”) solo pueden ser adjudicadas a quienes carezcan de otras propiedades y no superen un determinado nivel de ingresos, y se prohíbe expresamente su acumulación por encima de la “unidad agrícola familiar. Sin embargo, la compra a través de sociedades pantalla y otro tipo de maniobras jurídicas han servido para que algunas empresas de capital nacional e internacional, entre ellas una que fue subsidiaria de la multinacional Cargill, se hiciesen de forma irregular con un total de dos millones y medio de hectáreas a lo largo de los últimos 30 años”. (Guereña, 2016: 62)

PARA SABER MÁS

Acnur. 2016. Tendencias globales sobre refugiados y otras personas de interés del ACNUR, 2016. http://www.acnur.org/recursos/estadisticas/

El Espectador. 2016. La cuestionable estrategia de campaña del no. En http://www.elespectador.com/noticias/politica/cuestionable-estrategia-de-campana-del-no-articulo-658862.

Goebertus Estrada, Juanita. 2016. Una reflexión para quienes votaron ‘No’ en el plebiscito. En http://www.eltiempo.com/politica/proceso-de-paz/cuales-fueron-los-cambios-del-nuevo-acuerdo-de-paz/16752039.

Guereña, Arantxa. 2016. Desterrados: tierra, poder y desigualdad en América Latina, Oxfam. Urrea, Danilo y Forero, Lyda. 2016. Colombia: el NO a la refrendación de los acuerdos y los nuevos caminos de construcción de paz. En http://censat.org/es/analisis/colombia-el-no-a-la-refrendacion-de-los-acuerdos-y-los-nuevos-caminos-de-construccion-de-paz

Varios autores. 2016. Cinco temas claves para que la guerra y la paz no falle En: http://censat.org/es/analisis/cinco-temas-claves-para-que-la-guerra-y-la-paz-no-falle-2

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 Gert Steenssens / EsperanzaProxima.net

Gert Steenssens / EsperanzaProxima.net

Autoras: Bibiana Duarte Abadía y Tatiana Roa Avendaño

 

Resumen: En los páramos hoy se expresan gran parte de los conflictos sociales y ambientales originados por la expansión minera, lo que evidencia múltiples dilemas de valoración y encuentro de intereses que están asociados a los diversos contextos culturales, ambientales, históricos, sociales y económicos. Para comunidades alejadas de estos espacios – sociedades urbanas -, la importancia de los páramos se centra en el suministro de agua. Esta valoración subyace del encuentro de concepciones ecológica y económicas. Sin embargo es reduccionista e inviable al excluir valoraciones socio – culturales que a su vez se constituyen por las relaciones establecidad con el páramo.
Este artículo buscará mostrar las diversas concepciones y valoraciones existentes sobre los páramos y los efectos que éstas tienen en un contexto de justicia hídrica.
Palabras claves: páramos, lenguajes de valoración, agua, conflictos sociales, conflictos ambientales, justicia, justicia hídrica.

Artículo publicado en Revista Javeriana. Enero – Febrero 201. Número 801. Tomo 150.

 

Ver artículo completo en: El dilema de valoración de los páramos. El caso de Santurban

* Tatiana Roa Avendaño

Ilustración: “Sumak Kawsay”. Angie Vanessita Cárdenas Roa. http://www.acdesign.tk

«Ya volvería redonda y llena como una totuma recién hecha.

Pensaba también que la luna nada le diría,

porque sin tierra que sembrar, ¿qué valor tendría?

Ella anuncia las lluvias abundantes, la hora de la siembra, el corte del arroz.

¿Para qué deseaba él la luna si ya no tenía nada que sembrar?»

Tierra Mojada, Manuel Zapata Olivella, 1972

 Ilustración: Sumak Kawsay. Angie Vanessita Cárdenas Roa. www.design.tk

1. Introducción

 Al igual que el sociólogo colombiano Orlando Fals Borda (2002a: 35B), el francés Luis Striffler, quien recorrió la cuenca del Sinú en el siglo XIX en busca de oro, caracterizó a los habitantes de esta región como cercanos a una existencia «anfibia», en particular por sus rasgos naturales (escasez de vellos y grosor de sus cabellos), así como por su capacidad para adaptarse a la humedad, con lo cual, decía, «sufren muy poco» (Striffler 1875). Más allá de unos detalles morfológicos, la cultura anfibia de la cuenca baja del río Sinú, desde los zenúes prehispánicos, se relaciona más estrechamente con los productos, beneficios y relaciones que proporciona el agua y sus dinámicas. El pueblo Zenú entendía que los pantanos y las ciénagas tienen una estrecha relación con la dinámica fluvial e inundaciones periódicas, así que llevaron a cabo la construcción de obras hidráulicas que actuaban como verdaderos sistemas de amortiguación y almacenamiento de los excedentes caudales y lluvias locales (ASPROCIG 2006: 24). 

Leer el texto completo: documento Cultura Zenú

 

*Tatiana Roa Avendaño

"Cabellos de Vida". Angie Vanessita Cárdenas Roa http://www.acdesign.tk

Temíamos que llegarían pocas personas a la tertulia, no era para menos, en la tarde un tremendo diluvio había dejado el centro de Bogotá totalmente anegado. Sin embargo, a partir de las 5:30 de la tarde, empezó a llegar la gente, y las sillas vacías eran cada vez menos. Al final, incluso algunas personas debieron permanecer de pie. No imaginamos que la tertulia: AGRO 05 (Red de Agricultura Urbana), que realizarían Daniel Bernal e Ivan Quiñonez del Colectivo La Creactiva1 convocará tanta gente. Lo cierto fue que llegaron dirigentes sociales de varias localidades, estudiantes de diversas universidades, profesores universitarios, campesinos, ambientalistas de Bogotá, todos ellos interesados en conocer de qué trataba AGRO 5, qué nos irían a proponer dos jóvenes arquitectos que de manera atrevida se plantearon realizar una tesis sobre agricultura urbana nada menos que en la Escuela Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de Colombia. El salón casi siempre frío, esta vez lleno se tornó más cálido haciendo más grata la conversa. En la Localidad de Usme, con el apoyo de dos importantes procesos sociales de la ciudad: Plataforma Social Usme y la Red de Agricultores Urbanos Usme y, junto a la comunidad de la UPZ 59 “Alfonso López”, estos dos jóvenes decidieron “indisciplinarse” y explorar las rutas y los métodos a través de los cuáles las familias de este sector popular, mayoritariamente de origen campesino, desarrollan actividades de agricultura urbana y realizar una propuesta metodológica para construir una Red de Agricultura urbana. ¡Tremenda osadía! Seguramente en su Facultad, en los espacios formales, Ivan y Daniel nunca escucharon hablar sobre las diversas formas de producción agrícola, menos aún de agroecológica, ni de productividad, ni de sistema de riego, ni de cosechas de agua, ni de manejo de residuos orgánicos. Sin embargo, se atrevieron a estudiar estos asuntos ajenos a su formación y buscar así conjugar la planeación urbana, el urbanismo y el paisajismo, con las propuestas alternativas que la gente en los barrios populares se plantea para enfrentar un asunto esencial como la producción de alimentos en la ciudad. Daniel e Ivan indagaron sobre las diferentes experiencias de la gente de Usme, en sus patios, jardines, terrazas, espacios públicos y a partir de allí elaboraron una metodología para la implementación de la agricultura urbana en los sectores periurbanos de Bogotá. En su propuesta consideraron también la ronda del río Tunjuelo, el borde del Parque Entrenubes y los diversos espacios públicos que podrían contribuir a la producción de alimento en la ciudad. A partir de allí, elaboraron una propuesta para la conformación de una red que busca propiciar la autonomía, la organización social, la soberanía alimentaria, la autogestión y la defensa ambiental de las comunidades, proponiendo diferentes estrategias para la apropiación y uso de espacios para cultivar y explorar diferentes formas de comercio. Su interés, hacer propuestas de políticas públicas que tengan en cuenta la agricultura urbana en su componente social y ambiental para la planificación de la ciudad. Las preguntas fueron muchas, las sugerencias bastantes, los reconocimientos inmensos. A nadie dejó de sorprender que este importante asunto de la producción de alimento en las ciudades, pudiera animar a los jóvenes arquitectos. Para Martín un campesino desplazado de una región colombiana, el trabajo de los jóvenes le “dejo muchas inquietudes”, sobre todo, insistió, “para mí, más que para ustedes (…) es mirar desde otro ángulo lo que intentamos hacer como campesinos en la ciudad, es mirar más allá de nuestro pequeño huerto…”. Daniel e Ivan quedaron encantados. “No nos importa que nos critiquen, al contrario nos sirve, nos ayuda a continuar el camino”,dijeron. Porque para ellos, Ivan y Daniel, pero también para su grupo, no se trataba simplemente de realizar una tesis de grado. Para ellos es la posibilidad de continuar aportando y construyendo con las organizaciones con las que trabajan, alternativas para vivir en la ciudad.

8 de Noviembre de 2010

Por Tatiana Roa Avendaño

Feria de la Semilla. I Festival de Expresiones Rurales y Urbanas. Tatiana Rodríguez Maldonado

“Si cuido mi semilla, si defiendo la semilla, aseguro mi soberanía alimentaria, si nos la quitan perdemos no sólo la semilla sino el conocimiento que es lo que nos garantiza la soberanía alimentaria” – Testimonio de campesino de Santa Cruz de Lorica

El 23 de marzo de 2006, durante la 8° Conferencia de las Partes sobre Diversidad Biológica realizada en Curitiba, las mujeres del movimiento internacional La Vía Campesina, realizaron una protesta silenciosa dentro del imponente centro de convenciones para demandar la prohibición de las semillas «terminator» (1). Con este acto, las mujeres querían expresar el sentir y la resistencia de los pueblos a las denominadas “semillas suicidas”. De comercializarse, Terminator evitaría que los agricultores pudieran reutilizar su semilla a partir de sus cosechas, lo que los forzaría a recurrir al mercado de semillas comerciales. La acción de las mujeres y la presión de miles de campesinos que realizaron marchas diariamente frente al Centro de Convenciones logró mantener la moratoria (2) y detener la avanzada de estas semillas, que amenaza a los pueblos campesinos e indígenas.

La modificación genética de plantas para producir semillas transgénicas ha sido condenada ampliamente por los pueblos alrededor del mundo e incluso por instituciones científicas y académicas y por muchos gobiernos por considerarla una aplicación inmoral de la biotecnología.

Lea el texto completo. semillas_transgénicos_tatiana_septiembre 2010

Revista Ecología Política No. 38. La agricultura en el siglo XXI

Amigas y amigos,

El número 38 de Ecología Política se ha publicado este mes de enero bajo el título “La agricultura del siglo XXI”. En este número se analiza el sistema agroalimentario actual y lanza una serie de propuestas alternativas para una nueva agricultura del siglo XXI, basada principalmente en los conceptos de soberanía alimentaria y agroecología.

El número incluye artículos en profundidad de la máxima actualidad que proporcionan una visión amplia y detallada de la temática estudiada. Se pueden encontrar también artículos breves realizados en exclusiva por especialistas que reflexionan sobre los impactos del sistema agroalimentario actual y sus posibles reformas: crisis alimentaria, OGM, cambio climático y por otro lado soberanía alimentaria, agroecología, biodiversidad, cultura ancestral, etc.

Igualmente encontraréis artículos regionales con numerosos ejemplos. Así mismo incluye referencias a las principales redes de activistas, críticas de libros, webs e informes. En total más de 20 artículos sobre la temática.

También ponemos a vuestra disposición la web de Ecología Política: http://www.ecologiapolitica.info para acceder a información complementaria.

No dudéis en reenviar este mensaje a quien creéis que le pueda interesar.

El equipo de Ecología Política — Jofre Rodrigo Ecología Política – Secretaría Técnica Sant Antoni 39, primer piso 08800 Vilanova i la Geltrú (Barcelona) España T/F: +34 938935104 secretariado@ecologiapolitica.info http://www.ecologiapolitica.info


Por Tatiana Roa Avendaño – ambientalista colombiana Ilustración: Angie Vanessa Cárdenas Roa http://www.acdesign.tk

Quito, 15 de octubre de 2009

Introducción

A través de su historia, Colombia ha mantenido un agudo conflicto agrario con implicaciones en los ámbitos sociales, políticos, económicos y culturales del país. La cuestión agraria1 ha estado en el centro del histórico conflicto político armado colombiano. No hay duda, el conflicto ha estado atravesado por la disputa por la tierra.

En este país como en otros países latinoamericanos, es evidente la existencia y permanencia de la estructura latifundista de la tenencia de la tierra, los usos de la misma se realizan en contravía de su vocación y quienes se benefician de políticas y programas son los señores de la tierra: terratenientes, latifundistas, élites agropecuarias e inversionistas extranjeros.

Lea el texto completo. La Cuestión Agraria