Home

¿Sísmica o terrorismo contra la tierra y el agua?

20 agosto 2016

IMG_6410.JPGPor: Tatiana Roa Avendaño – Coordinadora general de Censat Agua Viva

Don Reynaldo es un agricultor y ganadero que llegó a mediados de los ochenta al Bajo Simacota, un municipio de Santander, buscando dónde trabajar. En la tierra que se asentó, hay vestigios de un antiguo pozo petrolero, abandonado cuando la broca, quedó atrapada en el fondo del pozo. Según dicen, lo perforaron en la pasada década del cincuenta, nunca fue puesto en producción. Allí quedó una profunda fosa de casi dos metros, que se hizo para instalar el taladro y otras facilidades del pozo, que don Reynaldo y su familia han tratado de tapar con madera, pues ahí han caído animales y han muerto.

En lo que fue la antigua plataforma petrolera, don Reynaldo ha sembrado cientos de árboles. Además, su finca es rica en frutales, cultivos y ganado, de manera que quien desconozca la historia no puede ni imaginar que por allí estuvo buscando petróleo la empresa estadounidense Tropical Oil Company, más conocida como la Troco.

Allí vive junto a su familia y luego de muchas violencias por fin comenzó con sus seres queridos y sus vecinos a vivir en paz. Cuentan que por allí, a finales del siglo pasado e iniciando este, vivieron tiempos de zozobra cuando los diversos actores armados del conflicto colombiano se disputaron el territorio. La tranquilidad de la zona fue la conquista de los campesinos de esta región que se propusieron vivir tranquilos en su paraíso.

Sin embargo, en 2011, nuevamente llegó la perturbación al instalarse una empresa de sísmica contratada por la Empresa Colombiana de Petróleos, Ecopetrol, aunque sus representantes dijeron a algunas personas del lugar que “iban a hacer unos estudios y que eso no era perjudicial para nadie”. Lo curioso fue además que a otras les dijeron que estaban haciendo unas “caminatas ecológicas”, mientras que en realidad venían en búsqueda de nuevas reservas petroleras.

IMG_6403Don Reynaldo cuenta que a su finca, que tiene “180 hectáreas, le metieron 96 bombas, es decir, una bomba por cada dos hectáreas”. Y continúa: “un bombardeo como ese nos destruyó nuestras aguas. Las hemos perdido en el 50% y nuestra quebrada ahora se seca en verano”.

Don Reynaldo está claro en no permitir que las petroleras continúen avanzando, porque para él, la sísmica es “un terrorismo a la tierra y el agua”, que les ha destruido esas que son sus más grandes riquezas.

Por eso ahora, él y otras personas de la región temen que Parex, una empresa canadiense que llegó a la zona en los últimos meses, esté queriendo hacer fracking en su territorio. Y ellos no están dispuestos a sufrir de un nuevo terrorismo, solo quieren vivir en paz.

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: