El proyecto Angostura. Sin licencia social

13 abril 2011

Tatiana Roa Avendaño*. Censat Agua Viva – Amigos de la Tierra Colombia.

Ilustración: Angie Vanessita Cárdenas Roa. Soplo de Luna. www.acdesign.tk

Soplo de luna. Angie Vanessita. www.acdesign.tk

 

El pasado 17 de marzo, el ministro de Minas y Energía Carlos Rodado informó al país, que la empresa Greystar retiraba la propuesta técnica y la solicitud de licencia ambiental del proyecto Angostura ubicado en el páramo de Santurbán. Esta noticia, sin precedentes en la historia del país, motivó expresiones de alegría de ambientalistas, organizaciones sociales y ciudadanía en general, que habían manifestado su desacuerdo por el desarrollo minero a cielo abierto en pleno corazón de uno de los principales páramos del país y que provee de agua a más de 2,5 millones de personas. No pasaron más de 24 horas, para que la empresa canadiense desmintiera las declaraciones del ministro Rodado y aseverara que no renunciaría a extraer el oro que yace en las entrañas de las altas montañas del Gran Santander, aunque reconocía que su actual proyecto Angostura contenía fallas técnicas y ambientales. La conclusión de su pronunciamiento fue que se dedicaría a la minería subterránea.

La actitud de la trasnacional minera tuvo diversas interpretaciones: algunas personas la vieron como una trampa, mientras otras la consideraron como una señal de un primer round ganado por el movimiento social en defensa del agua. No sólo obligó a la empresa a echar atrás su proyecto emblema, sino también a admitir sus flaquezas y falencias; a su vez, condujo al Ministerio de Minas y Energía a aceptar que no puede adelantarse la minería en páramos y, lo más importante, puso a Colombia a hablar en otros términos sobre la minería y mostró que la solidez de un movimiento con amplio respaldo social y ciudadano son claves en la defensa del territorio. Sin duda, este reverzaso de la minera norteamericana era resultado de la fuerte presión social, algo tenían que hacer si pretendía seguir en la región.

Lo cierto es que el pueblo santandereano ya había tomado una decisión: no conceder la licencia social a la megaminería en el páramo de Santurbán. Esto fue claro con la manifestación masiva del 25 de febrero, cuando más de 30 mil personas marcharon en Bucaramanga bajó una sola consigna: “agua si, oro no”, que sería la cuarta movilización que en menos de un año se presentaba en esta ciudad. También hubo movimiento en Cucutá, Pamplona, Bogotá y Cartagena, ciudades donde los activistas y líderes sociales rechazaron en el marco de la protesta contra Angostura, la política minera del gobierno de Juan Manuel Santos. La lucha por Santurbán abrió el debate nacional sobre la minería y con ello transformó el panorama de los meses anteriores, en los que no parecía existir ningún reparo ante la locomotora minera.

Pero bien. Muchas amenazas permanencen para el páramo, el subpáramo y las formas de vida locales, porque la Greystar permanece en el territorio y porque, además, hay otras empresas con títulos mineros, entre ellas Ventana Gold, que les dan derecho a explorar las montañas de la Provincia de Soto Norte, también en Santander.

No obstante, interesa destacar algunos elementos de las jornadas que condujeron al cambio de posición de la Greystar, que hacen parte del balance positivo con el que hoy cuenta el pueblo de Santander, y en este contexto, los aportes del movimiento del agua en el departamento. Cómo su lucha se constituye hoy en un referente que anima y recrea los diversos procesos de resistencia a la minería, contra el despojo y en defensa del territorio que existen en el país.

 

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